Hugo Chávez, el irreverente marxista

Por Luis Pino | Gracias a TELESUR

Cuando la rabia y la tristeza impotente se juntan por la  muerte de alguien propio y muy amado, el evocar sus momentos vívidos ayuda a morigerar el dolor que nos va consumiendo y matando lentamente. Y si nos atrevemos a emular sus cosas buenas, en  cierta medida estaríamos haciendo que perviva mucho de lo que fue esa persona que hoy tenemos muerta, es decir, su legado estará entre nosotros, por siempre.

Y como su irreverencia no era sólo una pose para preservar el viejo orden de las cosas en el capitalismo, el Comandante Chávez... tuvo la valentía y la honestidad de declararse marxista.

Algo así, nos sucede a los venezolanos y a muchas personas de diversas partes del mundo multicéntrico y pluripolar, quienes en la finitud de la vida, más allá del engaño religioso, nos sabemos carentes del amado Hugo Rafael Chávez Frías, nuestro Comandante Chávez y más en confianza pueblerina, Chávez, a secas.

En este extrañar al Comandante Hugo Chávez, son muchas las anécdotas, los instantes, las palabras y las cosas, que sucedieron  a partir de él, con él y por él, de acuerdo con cada vivencia personal de quienes hemos vivido en tiempos de Hugo Chávez.

Y, ha sido inmenso el aprendizaje con el Comandante Chávez, que con  el tiempo vamos descubriendo y nos dejan una marca o huella que nos permiten  afirmar que somos chavistas, en tanto y en cuanto emulemos su legado.

De entre ese legado del Comandante Hugo Chávez, en el alma de muchos pudieran haber quedado como  huellas suyas: la del irreverente y la del marxista.

Ya de por sí era revolucionaria la irreverencia característica en el Comandante. Él era enfático en el hablar, con  circunloquios, argumentos, anécdotas y digresiones, citas textuales, coplas y refranes, para enfatizar su punto de vista, buscando más persuadir, que disuadir. Ese hombre de armas era un empedernido creyente en el diálogo. Hoy, me atrevo a afirmar que Chávez sigue liberando al mundo, con su palabra esparcida  en la memoria colectiva.

Resulta que en ese hablar acompañado con su mímesis y gestualidad como metalenguaje, iba la fuerza de esa irreverencia de Hugo Chávez, para romper con el canon. Era el Hugo Chávez que le decía al mundo y al establishment que él no sólo era diferente a ese canon y estado de cosas opresoras, las del capitalismo, sino que, además, forzaba por su liquidación junto al Pueblo.

Esa irreverencia en Hugo Chávez, iba más allá de la palabra que contrastaba con el lenguaje melifluo y de la hipócrita diplomacia que encubre muerte y explotación. Esa irreverencia era acción, en Hugo Chávez, porque la irreverencia en el discurso se convertía en fuerza material, no solo cuando hacía obras materiales y tangibles, sino también, en esa inspiración que sigue llegando a todos los inermes y pobres del mundo, de donde florecen mujeres y hombres líderes de pueblos que se levantan contra el imperialismo, la opresión y explotación.

El Chávez que conocimos, con su palabra irreverente, hizo aflorar  palabras en desuso como “azuzar”, resementizó expresiones como “escuálido” o “majunche”, también nos dio muchos significados, con “palabras-testigo” que marcaron una época de ruptura con el pasado cuartorrepublicano en Venezuela   y “palabras-cliché” que resumían una nueva forma de ser la mujer y el hombre nuevos, a partir de un nuevo modo de ser y de pensar, lo que explica por qué  Hugo Chávez rompió con el modelo hierático, arrogante y prepotente del presidente de la República, que no se permitía la ligereza de comer delante de los presentes, si todos los demás no comían antes o junto con él, el Chávez,  que igual le daba y se regocijaba amoroso, si lo besaba una viejita o lo abrazaba un recogelata callejero o un niño sacaba restos de su galleta de la boca para compartirla, tanto como la prestancia y autoridad que reflejaba en la ALBA-TCP, PetroCaribe, UNASUR, MNOAL y en cualquier espacio a donde dirigió su mensaje liberador del siglo XXI, porque Chávez estaba ya dejando de ser Chávez, para ser un Pueblo.

Y como su irreverencia no era sólo una pose para preservar el viejo orden de las cosas en el capitalismo, el Comandante Chávez, con las bolas bien puestas, como los ovarios de las mujeres más grandes de la historia  y las de los grandes  hombres, tuvo la valentía y la honestidad de declararse marxista.

El porqué del marxismo en Hugo Chávez es lo más genuino en él, hecho  que explica toda su lucha e  irreverencia contra el capitalismo y sus lacras, pues, no hay  otro camino que el socialismo, cuya base ideológica y científica es el materialismo histórico y dialéctico, para comprender el mundo y transformarlo, es decir, para cambiar las relaciones sociales de producción, a partir de un proceso de cambios y de educación de nuestros pueblos, gradualmente y profundizándolo, con la mayor celeridad posible. Nos corresponde a nosotros, los que pretendemos llevar su legado adelante, secarnos las lágrimas por la ausencia de Chávez y hacer posible la profundización del chavismo bolivariano y socialista del siglo XXI, sin caer en los remedos de revolución llamados “progresismos” para preservar la esencia del capitalismo y sepultar de la memoria colectiva a Hugo Chávez. Con Chávez y su legado construyamos, con irreverencia y como marxistas, la revolución del nuevo mundo multicéntrico y pluripolar.

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