En Venezuela, ¡no pasarán!

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REDH | ALAINET  

Intelectuales de todo el mundo, patentizan su solidaridad con la Revolución Bolivariana y el pueblo revolucionario de Venezuela ante los actos de agresión e injerencia de que es objeto por parte del gobierno de Estados Unidos y su “ministerio de colonias”, la rancia y decadente OEA.//

 

Un clamor unánime se levanta desde el seno de lo mejor de los pueblos del mundo: ¡NO PASARÁN! Porque toda persona digna y sensible sabe que, si el fascismo triunfara en Venezuela, se repetiría la trágica historia de la República española, hace ya ochenta años, y su larga secuela de ignominia.//

 

A partir de hoy comenzamos a publicar los pronunciamientos enviados a la Oficina de la Red en Defensa de la Humanidad en Cuba. Son nuestra señal y compromiso con el destino de la patria de Chávez y Bolívar.//

 

http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.com/2017/04/en-venezuela-no-pasaran.html

Origen: En Venezuela, ¡no pasarán!

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Abril, Golpe adentro: entrevista con Ernesto Villegas

Katherine Castrillo, Juan Ibarra | ALAINET
Opinión
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Ernesto Villegas, ministro de Comunicación e Información de Venezuela
Foto: Irene Echenique
El clavo

Ernesto se pasó siete años haciendo entrevistas sobre abril del 2002. Guardaba papelitos, libros, documentos, grabaciones y todo lo que le parecía que tenía un valor histórico. Eso le viene de su viejo Cruz Villegas, un campesino trocado en albañil, que cuando iba por la calle se agachaba para agarrar un clavo doblado y al llegar a la casa lo enderezaba con un martillo. Ese clavo recuperaba entonces su valor de uso.

Así, anda Ernesto por la vida con la impronta del viejo. Años atrás veía una revista sobre el tema, algún documento, y se los llevaba a casa porque sabía que un día le servirían para algo.

Ese afán de reconstruir tres días claves para el curso actual de la Revolución Bolivariana –y de los que hay innumerables narraciones escritas y orales, registradas y no– lo llevó a escarbar cada vez con más obsesiva disciplina.

Ernesto Villegas, actual ministro de Comunicación e información de Venezuela, periodista y autor del libro Abril, Golpe adentro, nos cuenta sus reflexiones sobre esas fechas y sobre la investigación con la que recreó en su libro todo el relato golpista desde el lado de los protagonistas políticos.

Poner orden en el Golpe

“El 27 de febrero de 1989, fue una explosión social en la que el pueblo salió a decir ‘yo existo’. Pero el 13 de abril del 2002 esa explosión se dio con un sentido político. Era un pueblo que ya tenía un olfato, una conciencia y una orientación política producto de la claridad que Chávez nos inculcó”, comenta.

Entre todos los posibles caminos para empezar a hilar esa explosión, se podía ir a la carretera vieja de la Guaira para recoger los relatos de cómo fue que desde el estado Vargas la gente subió por la autopista hasta Miraflores. O los de aquellos que llegaron a Caracas desde Guarenas y Guatire. En todo este movimiento popular algo coincide, cuenta Ernesto: “La siembra de conciencia de Chávez hizo que el pueblo se autoconvocara a los lugares en los que se definía el poder. Tú ves cómo el pueblo de Petare se fue para el Canal 8 para luchar por el reestablecimiento de la señal; o la gente de la carretera Panamericana, Valle y Coche, que se fueron hasta el Fuerte Tiuna, y la de Caricuao se fue caminando al centro de Caracas. El 13 de abril salió a la calle un pueblo con vocación de poder, no un pueblo mártir a inmolarse o a hacer una revuelta o dar una patada a la mesa”.

Pero antes de decidirse por aquellas posibilidades algo pasó: “Un día cayó en mis manos un documento muy importante: la declaración que rinde el doctor Rafael Arreaza Padilla ante el Fiscal General Danilo Anderson”. Arreaza Padilla, el médico, abogado y politólogo, ministro de salud del Gobierno de Facto de Pedro Carmona Estanga.

En septiembre de 2004, dos meses antes del atentado terrorista que acabó con la vida de Danilo Anderson, Arreaza Padilla acudió al despacho del Fiscal y confesó varios hechos ocurridos puertas adentro del Palacio de Miraflores durante las horas del Golpe: “Por un acto de conciencia o remordimiento, decidió ir a contar lo que había presenciado, escuchado y protagonizado. Él, siendo primo hermano de Carmona y habiendo asumido la designación como ministro, estuvo en contra del espíritu y el contenido del Decreto de Carmona. El famoso Decreto que entre sus acciones suspendió todos los cargos de diputados, destituyó a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al Fiscal General de la República, al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo y a los miembros del Consejo Nacional Electoral.

La declaración de Arreaza Padilla sirvió de base para las imputaciones que hizo Danilo Anderson contra los 400 firmantes de ese decreto y contra otros más que estaban involucrados en el Golpe.

“Cuando cayó en mis manos esa declaración hice una copia. Al comenzar a leer mi primera reacción de reportero era enfrentar cómo comprimir todo ese hallazgo para poder publicarlo en la siguiente edición del semanario Quinto Día, donde yo escribía mi columna. No hubo manera. Era demasiada información, y un relato muy apasionante. Comencé a ir contextualizando las cosas que decía Arreaza Padilla, para que fueran comprendidas para las personas que no tenían tan claro lo que había sucedido en esas fechas, o que no estuvieran en Venezuela. Esos incisos explicativos comenzaron a convertirse en párrafos más largos que los aportes de Arreaza Padilla, había que caracterizar a cada una de las personas que se mencionaban. Se extendió tanto hasta que se convirtió en un libro”.

Primero se atuvo al orden en el que el ex ministro hizo su relato a Danilo, incluyó fragmentos del libro del propio Carmona, y de otros textos. Colocó pie de páginas, citas, referencias, porque cada cosa que estuviera escrita debía ser sólidamente argumentada. “Siendo una figura chavista cualquier cosa debía estar muy blindada porque se sometería a la crítica antichavista”.

Un día creyó haber terminado. Imprimió. Lo invadió una emoción psiquiátrica. Le presentó un ejemplar a un sobrino veinteañero y otro a la profesora de Comunicación Social Olga Dragnic de Álvarez. Ambos coincidieron en que había mucha información y faltaba un hilo conductor. “Debes ponerlo en orden cronológico”, fue el consejo de ambos.

“Entré en una fugaz depresión. Pero cuando comencé a ordenar cronológicamente se empezaron a iluminar rincones oscuros de abril. Me empecé a dar cuenta de que los argumentos que dieron varios de esos personajes eran contradictorios; que los muertos estaban invocados antes de que realmente ocurrieran los asesinatos del día 11. La sospecha se confirmaba”.

En ese momento entró en otra fase de búsqueda de información, porque las contradicciones generaron baches: “En la redacción final me pareció que lo mejor era la existencia de dos voces, una la de Arreaza Padilla, la otra era la mía y me permití la licencia de lo que yo mismo había vivido. En ese instante me di cuenta del valor que tenía la entrevista que le hice al comandante Chávez el 13 de noviembre del 2001, cinco meses antes del Golpe, donde él describe la justificación de las medidas habilitantes”, estas medidas se trataron de la aprobación de leyes como la Ley Orgánica de Hidrocarburos, Ley de Pesca, Ley General de Puertos, Ley de Tierras y Desarrollo Agrario, las leyes principales contra las que se lanzó la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), de la que Carmona era presidente.

“En esta entrevista se hace referencia al primer cacerolazo. Yo había dado la instrucción al equipo de producción de VTV de que Carmona le hiciera unas preguntas a Chávez. También las hizo Guillermo García Ponce [periodista y militante del PCV], él le preguntó a Chávez por las medidas que se estaban tomando ante un Golpe que estaba en marcha.”

Factores de la movilización de la oposición en el 2002

“Chávez no llega al poder por una revolución armada, sino por la vía del voto. Para ese momento había un Estado burgués desvencijado, por lo que es posible que un líder revolucionario que llega a un Estado que no era popular, ni revolucionario, mucho menos socialista, tenga resultados que se parezcan más al Estado que le toca dirigir que a las intenciones y propósitos que animen al proyecto revolucionario. Por ejemplo, no es sino hasta el momento en que el comandante Chávez lanza la Gran Misión Vivienda Venezuela que se percibe una política revolucionaria en el campo de la vivienda, del derecho a la ciudad”.

¿Cuál es la paradoja que había en ese momento y la que persiste actualmente? La expectativa de resultados efectivos y la obligación simultánea de funcionar con una estructura de Estado heredada. “Te das cuenta de que perfectamente puedes tener descontentos frente a resultados concretos de gestión. Eso se agrava cuando hay instituciones creadas en la Revolución que se ven salpicadas de esas viejas prácticas. Es un drama no solo para Venezuela, sino para América Latina y el mundo”. Los contextos en los que se intenta hacer revoluciones se encuentran con dinámicas que solo por la voluntad no se reforman.

“Entonces te consigues a masas que te reclaman resultados o te atribuyen la responsabilidad de muchas cosas en las que quizá tengan razón de sentir descontento, y a su vez ese descontento es capitalizado por la fuerza de la reacción que son los verdaderos causantes y beneficiarios de las distorsiones del Estado. Ahí se encuentran los eternos contratistas, los eternos proveedores, la clase social burguesa que echó raíces para captar la riqueza petrolera. La estructura que le pone las manos al dólar por mil vías, esos son los que salen marchando para tumbar al gobierno revolucionario.” Y 15 años después esta realidad no es muy diferente. Son las mismas clases y la misma dirigencia [antes Coordinadora Democrática y hoy MUD] las que llaman a la salir a las calles nuevamente.

Relata Ernesto que en el 2002 la clase media que estaba condenada a desaparecer con el gobierno de Caldera, con la política tradicional de privatizaciones, fue salvada de la desaparición, pero fue esa misma clase media la que marchó contra Chávez, a él le atribuyeron las causas de sus frustraciones. Fracciones de un país que le reclaman a un gobierno revolucionario sus insatisfacciones, capitalizadas a su vez por la derecha.

 

“Hablamos de un gobierno para ese entonces nuevo, con apenas tres años de formación. Se junta el descontento social de una clase que ve sus privilegios en riesgo, más las altas expectativas de transformación de otro sector social, atizadas por la manipulación mediática”.

Estos mismos son los ingredientes principales de las manifestaciones de la oposición del 2017. Todo idéntico, el mismo guión, solo que ahora con más puesta en escena en las redes sociales.

Todo igual porque sigue habiendo en Venezuela dos proyectos en disputa, dos proyectos en tensión.

“Sus planes no son solo tumbar a Maduro, se trata de un proyecto restaurador para acabar incluso con la institucionalidad, porque con nuestra actual Constitución no podrían gobernar el país. No tienen capacidad y la Constitución les resulta un estorbo, un obstáculo, pero ellos insisten e insistirán”.

La lucha de hoy: recuperar la épica

En abril del 2002, Carlos Ortega [líder opositor y sindicalista de la Confederación de Trabajadores de Venezuela- CTV] celebraba el cierre de refinerías, el paro de la producción de harina. En ese momento la oposición tenía caras visibles para detener la producción nacional. Pero especialmente desde el 2013 se profundizó la lógica del sabotaje: “Hoy borran a Ortega y a Carmona y simplemente se paran, paran la producción”.

Ante estas actuales condiciones económicas es complejo dar una única alternativa como cierta: “Al lado de lo hermoso de la Revolución surge una contrarrevolución cultural. Al lado de la organización del pueblo para resolver sus problemas, para reforzar los mecanismos de solidaridad, también está el que busca un mecanismo de poder. Hay una lucha de hegemonía. Nosotros buscamos la contrahegemonía, seguimos luchando contra las antivalores, el capitalismo, el imperialismo, el colonialismo. Tengo la confianza que en esta confrontación saldrá victorioso el pueblo”.

El 13 de abril no paró la máquina golpista. No fue sino hasta el paro y sabotaje petrolero de diciembre del 2002 que mucha gente tomó consciencia. “No hemos hecho un buen acopio de nuestra propia épica. Nos quedamos con la épica del 13 de abril, pero después del 13 vinieron eventos terribles”. Ernesto detalla la importancia de reconstruir los hechos del paro petrolero; los episodios como los de la batalla de Anaco, en la que los obreros de las empresas básicas de Guayana se fueron en autobús hasta Anaco para confrontar a los meritócratas de PDVSA que les querían cortar el gas a las empresas básicas y pararlas, pero la clase obrera impidió esa consumación; o la historia de los tripulantes que rescataron y movieron el buque “Pilín León” [rebautizado “Negra Matea”], que fue fondeado en la bahía del Lago de Maracaibo para tratar de impedir que el combustible se descargara y se hiciera más crítico el paro petrolero.

De lo viral, lo real y lo ecuánime

Mucho de esta memoria histórica que hoy nos mueve y nos moverá a seguir avanzando con la Revolución se encuentra en Abril, Golpe adentro, en ese libro raro que un contexto tan polarizado políticamente ha sido recomendado desde la izquierda y la derecha. No es una pieza de propaganda, y para su autor fue un difícil ejercicio de objetividad: “¿Cómo puedo ser ecuánime ante los fascistas que se metieron violentamente en la embajada de Cuba?”

Si hay una forma de abordar este y otros temas espinosos, Villegas parte de una palabra: rigor. “Esto es lo que aplico en el ejercicio de una función periodística. Esa ligereza con la que a veces nos dejamos llevar, bien sea sobre la declaración de alguien o para referir un hecho. De pronto en el campo de una batalla política o una controversia se es más vigoroso que riguroso, pero nosotros como periodistas debemos mantenerlo, así sea si vamos a aproximarnos a un estudio de nuestros enemigos”.

Rigor en un escenario actual en el que es más importante que algo sea viral a que sea veraz, un ahora en el que parece triunfar la desinformación, la desmemoria, el caldo de cultivo para las operaciones psicológicas.

Hoy lo sentimos más que nunca, cuando miles de videos y fotografías circulan internacionalmente, acompañados de reportajes sesgados, para justificar una intervención extrajera al territorio venezolano.

No hemos terminado de escribir nuestra historia. Aquel Contragolpe, la actual resistencia en medio de la incesante guerra económica, y el trabajo diario para lograr el autogobierno aún están pendientes.

 

Katherine Castrillo / Contacto: @ktikok

Juan Ibarra / Contacto: @juansibarra

http://laculturanuestra.com/abril-golpe-adentro-entrevista-exclusiva-con-ernesto-villegas/

Origen: Abril, Golpe adentro: entrevista con Ernesto Villegas

Si ya tenemos CELAC, ¿para qué sirve la OEA?

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Cada vez que veo o leo de la OEA contra Venezuela, pienso en lo que le hicieron a Cuba. En ese “ministerio de colonias” al que “no volveremos jamás”, como dijo con orgullo la joven líder estudiantil cubana, Jennifer Bello, se expresa muy claramente que en este continente hay dos Américas muy distintas: la del norte, que va de más a menos y la del sur, que va de menos a más, como nos enseñó José Martí.

¿Para qué sirve la OEA?, preguntamos en 2008 en una Mesa Redonda de Telesur, desde Panamá, donde tenía lugar una reunión de cancilleres a la que llegó Condoleeza Rice con ínfulas de emperatriz y salió magullada por las críticas de la nueva América Latina que emergía de los procesos revolucionarios liderados por la Venezuela de Chávez. Aún entonces, no logramos algún testimonio favorable a juntar espíritus tan diferentes. A lo sumo, algunos cancilleres del sur, nos dijeron que servía para “dar pelea en cualquier diálogo con los del norte”.

Después vendría la reunión de San Pedro Sula y la heroica batalla de la Honduras de Zelaya y de Patricia Rodas por la reivindicación de Cuba. Todos sabemos que aquella humillación a Hillary Clinton, la cobraron con un golpe de estado, primero de una serie de otros golpes más suaves, más amañados, pero no menos costosos para el progreso y la unidad de nuestra América.

Si ya tenemos CELAC, ¿para qué sirve la OEA?, habrá que preguntarse una y otra vez. Venezuela no es la próxima víctima, como señalan algunos. Venezuela fue la primera víctima de los golpes fraguados con la complicidad de la OEA y su Carta Democrática, hecha, no olvidemos, para derrocar a Chávez. Como no han podido con el chavismo, lo seguirán intentando por cualquier medio, aunque ciertas derechas y hasta centros del hemisferio, incendien parlamentos, repriman multitudes y hagan retroceder a los pueblos de la región a los días oscuros del neoliberalismo con manu militari.

Cuba es la prueba de que se debe y se puede vivir fuera de la OEA. Por la heroica resistencia de su pueblo, sí. Pero también por la valiosa solidaridad de otros pueblos. Venezuela resiste. Démosle, sin dudar, toda nuestra solidaridad.

Origen: Si ya tenemos CELAC, ¿para qué sirve la OEA?

Salvar a Venezuela

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La hostilidad del imperialismo estadounidense hacia la Revolución Bolivariana ha sido permanente y multiforme desde que Hugo Chávez resultó electo Presidente. Según avanzaba el proceso de transformaciones sociales promovido por Chávez, siempre respetando las normas constitucionales y la legalidad, el Imperio ensayaba nuevas acciones agresivas violatorias del Derecho Internacional.

La obra revolucionaria rescató a millones de venezolanos de la pobreza absoluta y la miseria, puso fin al analfabetismo, garantizó a todos y todas el acceso a la educación y la atención médica gratuita, les devolvió, en fin, la plena soberanía.

Venezuela ha cambiado sustancialmente. Sus grandes riquezas naturales, por primera vez en la historia, no son para el disfrute exclusivo de una minoría, sino que han sido y son redistribuidas para beneficio de las amplias masas. Pero ha sido una marcha cuesta arriba sorteando obstáculos de todo tipo.

Defender lo mucho que ha logrado y seguir conquistando mayores cotas de justicia constituye un perenne desafío para el pueblo del Libertador. Intentos de golpe de estado, “huelga” petrolera, sabotajes, sanciones económicas, diplomáticas y políticas, amenazas militares y una descomunal, multimillonaria, propaganda para aislarla y pretender justificar la intervención foránea, han sido el pan de cada día impuesto a un pueblo que, en contraste, no sólo no ha atacado ni dañado a nadie sino que se convirtió, al mismo tiempo, en ejemplo de fraternidad para con los otros pueblos del Continente.

Porque si Venezuela ha cambiado mucho, el Imperio no ha cambiado nada. Ayer, Obama, sin temor al ridículo, determinó que Venezuela es “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de Estados Unidos”. Ahora Trump blande contra ella la llamada Carta Democrática Interamericana, cuyo texto debemos suponer que no ha leído pues, como se ufana en proclamarlo, el actual mandatario detesta la lectura.

La muerte de Hugo Chávez fue un golpe doloroso que estremeció a su país y al mundo. Desde Bolívar nadie hizo tanto como él por la emancipación de su pueblo, nadie supo hacer de Venezuela paradigma de solidaridad humana y auténtica democracia. Dedicado a su causa hasta el último aliento, antes de despedirse, Chávez propuso como a su sustituto y continuador a Nicolás Maduro, su mejor discípulo, un joven obrero y cercano colaborador, quien, en aquellas dramáticas circunstancias y enfrentando a una poderosa maquinaria de difamación y odio en su contra, resultó vencedor en las elecciones generales.

El gobierno de Maduro no ha conocido un instante de respiro. A la drástica caída en los precios del petróleo en el mercado internacional se ha unido la guerra económica desatada por Washington y en la que participa abiertamente la oligarquía local que especula con las limitaciones materiales y provoca escaseces y malestar. Estos fueron los factores principales que permitieron a la oposición obtener una mayoría de escaños en la Asamblea Nacional.

Hay que recordar que desde la primera elección de Chávez como Presidente en Venezuela se han realizado más elecciones, plebiscitos y otras consultas populares que las que hayan podido efectuarse en los países del Hemisferio que cínicamente quieren erigirse en jueces de la situación venezolana. En la mayoría de esos ejercicios democráticos vencieron las fuerzas del chavismo y cuando no fue así los resultados fueron aceptados por Chávez y por Maduro.

Conviene recordar asimismo que ganar o perder transitoriamente la mayoría de los miembros del órgano legislativo no significa ganar o perder el gobierno en los países de América Latina. Tampoco lo es en Estados Unidos: si tal cosa rigiera en el vecino del Norte la lista de Presidentes despojados de sus cargos sería interminable: por ejemplo Clinton, Bush y Obama, para sólo mencionar los más recientes en una bicentenaria tradición en la que resulta normal ejercer la jefatura del Estado contando con una minoría parlamentaria. Para no hablar de Trump cuya presidencia no es cuestionada -aunque Hillary Clinton lo superó por más de tres millones de votos- y ostenta el mayor índice de desaprobación del que haya memoria en aquel país.

No debe olvidarse, sobre todo, el carácter subversivo, anticonstitucional, proclamado sin ambages por Henry Ramos Allup cuando, al asumir la dirección de la Asamblea, anunció un plan para expulsar de la jefatura del Estado a Nicolás Maduro en seis meses. No formuló un programa legislativo, anunció un golpe de estado. Desde entonces no ha hecho otra cosa que alentar el caos y la inestabilidad institucional.

La OEA en cueros

La conducta ilegítima e irresponsable de la oposición lejos de sumarle apoyo interno ha generado la creciente resistencia de un pueblo que, más allá de las ideologías, necesita y desea la paz y la convivencia frente a la agresión externa. Para derrocar al Gobierno legítimo había que recurrir al exterior y buscar en Washington lo que no pueden encontrar en Caracas.

Entonces aparece, nada más y nada menos, que la llamada Organización de Estados Americanos (OEA) y su insólito Secretario General, Luis Almagro.

La historia del “ministerio de colonias yanquis” es sobradamente conocida. Hace más de un siglo, ante los primeros pasos para crear el “panamericanismo”, José Martí advirtió el peligro y llamó a pelear por la independencia verdadera de Nuestra América.

Para Almagro –o sea para el Imperio— el único problema en el Hemisferio es Venezuela. Su enfermiza obsesión antibolivariana los ha arrastrado al punto increíble de dar una suerte de golpe de estado dentro de la propia institución, desconociendo a sus propias autoridades –al representante de Bolivia, Presidente del Consejo Permanente y Decano de sus embajadores y al Vicepresidente que es el representante de Haití— para imponer su estrategia antivenezolana.

Si la OEA tuviese un mínimo de seriedad no le alcanzaría el tiempo para ocuparse de los problemas reales del Continente.

La represión masiva contra los latinoamericanos en Estados Unidos; el infame muro de Trump y sus medidas de proteccionismo comercial; la vergonzosa destitución de Dilma Roussef; la constante aparición de cementerios clandestinos en México y otros lugares; los asesinatos cotidianos de periodistas; los muchachos desaparecidos de Ayotzinapa, las niñas muertas en Guatemala, el incendio del Parlamento paraguayo; las huelgas y protestas populares en Argentina, Brasil y otros países, son parte del largo temario que interesa a los pueblos pero que no existen para Almagro ni para el dócil rebaño que lo sigue.

Porque la OEA no fue creada para bregar con la realidad. Nunca ha sido otra cosa que instrumento para la dominación imperial. Que a estas alturas echen mano a la vieja y desprestigiada herramienta, pisoteando incluso sus reglas y procedimientos, es un llamado de alerta. La agresión imperialista está en marcha y debemos detenerla.

El crimen se está cometiendo a la luz del día, a la vista de todos y contemplarlo en calma sería una complicidad imperdonable.

Urge multiplicar la solidaridad. Hay que salvar a Venezuela.

Origen: Salvar a Venezuela

Un día elegí ser chavista

Por : Lourdes Egleé L´overall

A finales de 2012, el presidente Hugo Chávez junto a la Revolución Bolivariana mantenía una popularidad por encima de un 60%. El pueblo estaba contento con las políticas públicas implementadas por el gobierno, nuestras necesidades de salud, alimentación, educación, ropa, calzado y servicios podían satisfacerse sin mucho esfuerzo.

Esas bondades extraordinarias que se convirtieron en cotidianas, se han ido desvaneciendo paulatinamente desde mediados de 2013, precisamente, cuando el presidente Nicolás Maduro llegó a Miraflores.

Poco a poco comenzó a escasear la leche y el papel toalet, posteriormente la harina de maíz y el azúcar, más tarde el arroz, la pasta, el aceite, el café, la margarina y en los actuales momentos es muy poco lo que se puede conseguir en los supermercados, para satisfacer nuestras necesidades alimentarias.

El plato en la mesa del venezolano se ha ido transformando, ahora se come yuca con mayor frecuencia y hay quienes improvisan arepas, con la harina de crema de arroz. Es una verdadera odisea, conseguir alimentos de primera necesidad, medicinas, artículos de aseo personal, repuestos para carros, entre otras cosas…

La vida de los venezolanos, ha tenido un notable cambio.

No se tiene una idea clara de cuándo se podrá volver a comer atún de lata, arepas, arroz, pasta, queso, huevos, carne, pollo, usar champú y desodorante, porque eso depende de dos cosas que no tienen que ver con el deseo de hacerlo: conseguir lo que necesitamos el día que nos corresponde comprarlo, según el terminal de cédula y que el costo del producto no supere la cantidad de dinero disponible.

Al igual que a la mayoría de mis compatriotas, esa situación me incomoda, me genera impotencia, inestabilidad, nerviosismo, irritabilidad, frustración, arrechera y tristeza. Eso es lo que todas y todos sentimos, algunos en mayor o menor grado. Sobre todo cuando una niña o niño llora por un tetero y no hay forma de satisfacer su necesidad, ni manera de hacerle entender que “no hay tetero”, o cuando vemos desvanecer la salud del abuelo o abuela por falta de un medicamento.

Y es que nos están cobrando con hambre y hastío el hecho de haber sido leales a Chávez al escoger a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela, y ansían quebrar eso, nuestra lealtad.

Nos están cobrando con ira y desesperanza 17 años de Revolución Bolivariana, 17 años de renta petrolera para el pueblo.

Y nos están cobrando con saña, con rencor, con crueldad, con la más clara intención de hacernos daño, no importa a quien arrastren en su empeño por destruirnos, no importa si es a niños o a ancianos, a chavistas o a opositores, el castigo es para todas y todos por igual.

Pero por mucho hastío, por mucha arrechera, por mucha tristeza que pueda sentir, considero un acto cobarde salir corriendo a firmar para solicitar un referendo revocatorio a la gestión de Nicolás Maduro.

Creo que un verdadero chavista, debe luchar hasta vencer, porque el hecho de nacer en Venezuela, significa que por nuestras venas corre sangre de aguerridos Libertadores, y no de cobardes y retrógrados opresores.

Porque vivir en los tiempos en los que también vivió Hugo Chávez es un privilegio al que debemos hacerle honores

No es leal a Chávez y nunca lo fue, quien estuvo del lado de la Revolución Bolivariana en tiempos de bonanza y prosperidad y en tiempos de dificultad, corre a ponerse del lado de quien promueve y apoya la más cruel guerra económica que pretende destruirnos

Un día elegí ser chavista, porque decidí no ser esclava de lacayos apátridas del imperialismo, que sin dudar entregarán los recursos y riquezas nacionales. Como lo hacían en la cuarta república.

Amo a mi Patria Querida, no nací chavista, pero chavista muero, de pie y luchando hasta vencer o morir, si fuera necesario.

¡Chávez Vive!

¡La Patria No Se Rinde!

¡Chavistas… Tenemos la obligación moral de Triunfar!

Tomado de psuv

Presidente Maduro se mantiene firme en 4 años de gestión [+ video]

Gracias a CUBA ISLA MIA

Luego de la partida física del Comandante Chávez el 5 de marzo del año 2013, el Consejo Nacional Electoral (CNE) convocó a elecciones presidenciales cumpliendo con lo establecido en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, proceso que ratificó a Nicolás Maduro como Presidente Constitucional el 14 de abril del año 2013, victoria que reflejó la solidez de un pueblo con conciencia política y lealtad al legado del Comandante Hugo Chávez Frías, ejemplo mundial y promotor del socialismo e igualdad. (VTV)


A cuatro años de gestión, el Jefe de Estado se mantiene firme con el legado del Comandante Hugo Chávez,  dando continuidad al Plan de la Patria que garantiza la estabilidad social para el vivir viviendo, y haciendo frente a una oposición violenta que a diario ataca al pueblo y al proceso revolucionario por medio de mecanismos desestabilizadores como lo es la guerra económica.

Sin embargo, en su primer año de gestión  el Presidente Maduro creó siete Misiones Sociales para beneficiar a los más necesitados, entre ellas: Misión Eficiencia o Nada, Misión Jóvenes de la Patria, Misión Negro Primero, Misión Eléctrica Venezuela, Misión Nevado, Misión Transporte y además elevó a escala de gran misión el programa social que el gigante Hugo Chávez creó para la transformación integral de los sectores populares; la Gran Misión Barrio Nuevo Barrio Tricolor.

El Presidente Maduro ante las distorsiones económicas que ha querido implementado  la ultraderecha venezolana para arremeter contra el pueblo, se ha preocupado en garantizar la soberanía alimentaria, para ello creo los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), que hasta la fecha han llegado a seis millones de familias venezolanas y progresivamente llegarán a más hogares, cada quince días.

El Jefe de Estado ha cumplido el legado del Comandante Chávez, reivindicar los derechos de la vivienda digna al pueblo venezolano. Por esta razón le ha dado continuidad a la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), alcanzando hasta la fecha más de 1 millón 500 mil viviendas entregadas.

A estos grandes logros se le suman las nuevas iniciativas a través de un instrumento de acción, el Carnet de la Patria, también implementado por el Presidente Nicolás Maduro para mejorar el alcance de todos los programas sociales implementado por el Gobierno Bolivariano. 10 millones 553 mil 076 ciudadanos venezolanos ya poseen voluntariamente el  Carnet de la Patria.

El Jefe de Estado a cuatro años de gestión se mantiene junto al pueblo trabajando sin cesar para alcanzar la felicidad absoluta de todo el pueblo venezolano.