Pataleo y golpismo de la derecha ecuatoriana

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Pataleo y golpismo de la derecha ecuatoriana

El plan de la derecha en Ecuador es poco original, pero peligroso: arman berrinche, no aceptan los resultados de las elecciones presidenciales y fomentan violencia y golpismo para desestabilizar el país sin resignarse a que no ocuparán el Palacio de Carondelet.

Los comicios celebrados el pasado 2 de abril en segunda vuelta están fuera de cuestionamiento, pues fueron quizás de los más supervisados por entes locales e internacionales, teniendo en cuenta que los conservadores bajo el mando del candidato de la alianza CREO-SUMA Guillermo Lasso amenazaron con una debacle si perdían en las urnas.

Aunque no ganaron, por la mínima, (51,38 y 48,8 por ciento, respectivamente) la victoria, sin duda alguna, se la llevó el izquierdista Lenín Moreno, y su vice Jorge Glas, de Alianza País, encargados ahora de la continuidad de la Revolución Ciudadana emprendida 10 años atrás por el líder antiimperialista Rafael Correa.

Para los conservadores latinoamericanos, el triunfo de la izquierda resultó un quiebre de la debacle anunciada por los medios al servicio de las oligarquías ante la derrota sufrida en Argentina, donde ganó la Primera Magistratura el derechista Mauricio Macri, y en Brasil, con la asunción del también conservador Michel Temer mediante un golpe de estado parlamentario contra la presidenta legítima Dilma Rousseff.

Ecuador, donde la vida se transformó radicalmente para bien de millones de personas en la última década, demostró su apego a un proceso político de raíces humanistas, revolucionarias, integracionistas, y prestigiosa.

Solo el dinero a cambio de votos, el populismo mentiroso, un idílico plan renovador y un plan de desprestigio contra los líderes revolucionarios lograron que Lasso alcanzara una alta votación. Parece que sus simpatizantes olvidaron que este personaje, expresidente del Banco de Guayaquil, superministro de Economía de Jalil Mahuad, fue quien impuso a los ecuatorianos el feriado bancario que llevó a la miseria a miles de familias y a cuatro millones al éxodo.

No se conforma con el revés el multimillonario exbanquero y su compañero de fórmula Andrés Páez, jefe de las Camisas Negras neofascistas y quien aparece en el actual escenario como el jefe instigador de la violencia que se viene sucediendo en las calles ecuatorianas.

Se trata, en realidad, de darle un golpe de estado anticipado a Moreno y Glas aún sin asumir sus cargos, y para ello invocan el fraude y las amenazas de los enfrentamientos en una sociedad polarizada en las urnas.

La derecha busca, apoyada por los medios serviles a la oligarquía, desprestigiar las instituciones públicas, y la institucionalidad de la nación e incluso amenazó de muerte al presidente del Consejo Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, una reacción considerada indigna y solo creíble por proceder de elementos que buscan crear el caos y la desestabilización nacional.

El balotaje de Ecuador fue observado con lupa —precisamente para evitar la reacción desmedida postelectoral de la derecha— por más de 82 000 observadores, entre ellos, 300 representantes de la Organización de Estados Americanos —invitada por la coalición derechista CREO-SUMA—, la Unión de Naciones Suramericanas, el Centro Carter, premios Nobel de la Paz, entre otros llegados a la ciudad mitad del mundo.

Lasso y sus compinches se dieron con la puerta en las narices, pues tenían armado un tinglado para confundir a la población anunciando un triunfo inexistente, pocas horas después del cierre de los colegios de votación. Pasando por encima de la ley y del CNE montó un sistema electoral propio, anunció su victoria sin pruebas, pues fue proclamada por un medio de comunicación y una encuestadora privada favorecedora de la alianza CREO-SUMA.

La agresividad de la derecha es tal que en las calles proclamaron de dictadura al gobierno legítimo de Correa para desalojarlo —según enmascara el plan— antes de la conclusión de su mandato el próximo mes y evitar la asunción del presidente electo. En un grave e irresponsable episodio, la dupla perdedora instó a intervenir a las Fuerzas Armadas para restaurar, dijeron, la gobernabilidad, cuando la paz fue quebrantada por sus violentas huestes.

Usando como bandera la desprestigiada acusación de fraude, pero sin presentar pruebas concretas, Lasso y su comparsa no pudieron impugnar los resultados oficiales del CNE.

En estas circunstancias, quedó visibilizado que el exbanquero utilizó las redes sociales para propagar sus mentiras, un arma poderosa porque estimula la red grupal que en ocasiones se moviliza sin un entendimiento de causa y de manera irresponsable invita a la sublevación por cualquier cosa mediante mentiras y razones de odio más que de convencimiento político.

Odio contra el sistema revolucionario se expresa en los llamados de Lasso y Páez a incendiar Quito, a arrastrar por las calles a Correa, a impedir que asuma Moreno —cuya victoria ha sido reconocida a nivel mundial— a destruir edificios de la administración y del CNE e incluso a los asesinatos de líderes de la izquierda.

En este contexto, en que los más afectados son los derrotados, pues aunque hubiese sido por un voto de diferencia la victoria de Moreno sería incuestionable, la derecha exigió, sin éxito, que se recontaran los 11 millones de votos resultantes del escrutinio.

En aras de evitar una oscura guerra civil, Alianza País —para darle un golpe de muerte a los conservadores— permitió al CNE que se revisen un millón de boletas, representativas de la totalidad, y de manera pública.

Ello no significa que se ponga en duda el triunfo de Moreno y Glas, quienes en estos momentos trabajan en la recepción de la administración de Correa, centro de esta tormenta ficticia, ya que el gran temor de esos grupos de vándalos políticos es que el presidente retorne al país para unos futuros comicios —lo que parece improbable—, ya que anunció que pasará años en Bélgica, de donde procede su esposa.

El plan conservador debía tener sus días contados, pues el reconteo al que accedió el CNE no variará los resultados del 2 de abril, el día en que se impuso la razón sobre los intereses de los negociantes de la política.

Algunos observadores, sin embargo, alertan sobre el peligro de una derecha que continuará su pataleo y alargará en el tiempo la sombra del golpismo sobre el nuevo gobierno de Alianza País.

Tomado de Cubahora

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