EE.UU.: La nunca abandonada doctrina Monroe

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Alfredo Serrano Mancilla y Silvina Romano*

Las paradojas del calendario: el viernes santo Trump sostuvo una reunión con los ex presidentes colombianos Uribe y Pastrana. Poco o nada se sabe de lo que allí conversaron. Lo único ha sido un tweet de Pastrana agradeciendo “la cordialidad y la franca conversación”. Lo particular del caso es que este encuentro se haya realizado antes con ellos que con el propio presidente colombiano Santos. Con éste, lo único que se produjo fue una llamada telefónica en la que el presidente estadounidense “le expresó su apoyo a la paz”. De esta forma, debemos imaginar que Trump se asegura jugar con todas las cartas: el apoyo a la Paz vía Santos y el apoyo a la guerra vía Uribe-Pastrana.

El primer presidente latinoamericano en visitar la Casa Blanca desde la investidura de Trump fue el peruano Kuczynski. Fueron únicamente 12 minutos de reunión. ¡Sale carísimo el minuto para ver a Trump si posees ciudadanía latinoamericana! El siguiente de la lista será Macri. El presidente argentino está empeñado en mostrar esa foto al costo que sea. Si el precio fuese ceder más soberanía, así lo hará. Incluso estaría dispuesto a ofrecerle hasta una base militar. Después de lo hecho con los fondos buitre, cualquier cosa puede esperarse de ese encuentro en el que Macri pretende proclamarse el verdadero CEO del patio trasero.

Por el momento, Trump ha descartado que esa visita sea considerada “de Estado”. Esto implica que no habrá encuentros formales de los gabinetes de ambos países. Los temas a tratar entre los mandatarios en el almuerzo previsto de 90 minutos seguramente serán los de siempre: Macri comprará armas a Estados Unidos; se endeudará aún más; seguirá ordenes en contra de Venezuela, se comprometerá a adquirir algunas Torres Trump, y con suerte, Trump le permitirá que los limones argentinos entren a su país con un arancel aceptable. Un intercambio desigual que es a lo que Macri le llama “volver al mundo”.

Luego de las últimas acciones de Trump en Siria y Afganistán, muchos siguen creyendo que la política exterior estadounidense con América latina será de segundo orden en las prioridades del Pentágono. Pero no. Ni mucho menos. Y para prueba, un botón. En su reporte anual al Congreso, el Almirante Kurt Tidd, actual comandante del Comando Sur, declaró abiertamente: “planteado de manera simple, los desafíos para la seguridad en la región (América Latina) probablemente se transformen en desafíos al interior de la frontera de los Estados Unidos”. Dicho de otro modo, en clave militar, se da una vuelta de tuerca más a la nunca abandonada doctrina Monroe. En virtud de un planteo geopolítico de largo plazo para con América Latina, el actual gobierno estadounidense actualiza la noción de “patio trasero”.

Que nadie lo dude: aunque Trump lance bombas contra medio mundo, esto no significa que descuide a su vecino del sur. En un informe reciente del Security Assistance Monitor se afirma que las notificaciones de ventas comerciales de armas de Estados Unidos a América latina y el Caribe suman más de la mitad del total a nivel mundial (351 millones de 662 millones de dólares), siendo potencialmente la mayor región receptora a nivel mundial. Esto demuestra que persiste un gran interés en recolonizar el patio trasero, profundizando la dependencia armamentística y militar.

La última actuación de la política exterior de Estados Unidos hacia la región ha sido la declaración del Departamento de Estado nuevamente en contra de Venezuela. El tono sigue subiendo. Luego del uso ineficaz de la OEA, ahora el camino parece ser más explícito y directo. Con un lenguaje imperativo, insta a “tomar medidas inmediatas que permitan una pronta solución a la grave crisis que afecta a todos los venezolanos, y consiguientemente, a la región”. Pero además habla de “represión criminal”, como si el gobierno estadounidense tuviera la integridad para dar ejemplos de respeto a los derechos humanos (baste recordar el demoledor informe del Senado en 2014 sobre las torturas perpetradas por la CIA).

Trump está mirando hacia América Latina en un contexto en el que parece haber otorgado vía libre al Pentágono como rector de la política exterior. La región latinoamericana es parte de los objetivos estratégicos de larga data para el gobierno del Norte. El unilateralismo de Trump choca de frente con el mundo multipolar en el que vivimos. Veremos quién puede más.

* Celag

Fuente: Página 12

Intervenciones de EEUU en América Latina y el Caribe (Gráfico)

Resumen Latinoamericano/Portal Alba

Injerencia y el cómplice silencio de la OEA.

Origen: Intervenciones de EEUU en América Latina y el Caribe (Gráfico)

JetBlue quiere volar a Cuba desde ciudad estadounidense de Boston

Escrito por  Prensa Latina | CUBASI
La aerolínea estadounidense JetBlue parece bastante deseosa de realizar vuelos entre Boston y Cuba, pues insiste en solicitar un permiso que le permita agregar ese recorrido, divulgó hoy el diario The Boston Globe.

Según la publicación, por tercera vez en aproximadamente un año la compañía más importante del aeropuerto internacional de Logan, en esa urbe del estado de Massachusetts, presiona al Gobierno federal norteamericano para operar un vuelo directo entre ambos destinos.

Después de ser rechazada dos veces antes, JetBlue trata de aprovechar la cancelación de vuelos a Cuba de dos aerolíneas de bajo costo para obtener una ruta ya aprobada por el Departamento de Transporte de los Estados Unidos.

La línea aérea, que tiene rutas diarias entre Nueva York, Fort Lauderdale y Orlando, y las ciudades cubanas de La Habana, Santa Clara, Camagüey y Holguín, quiere ahora un vuelo entre Boston y la capital de la isla todos los sábados.

De acuerdo con The Boston Globe, si se aprueba su solicitud, los viajes podrían comenzar en noviembre próximo.

Al mismo tiempo, la aerolínea pidió la semana pasada expandir su servicio entre Fort Lauderdale y Cuba con seis vuelos adicionales a la semana.

Por su parte, otra de las firmas aéreas que realizan vuelos directos entre Estados Unidos y la nación caribeña, Delta, anunció el viernes pasado que busca ampliar su servicio entre Miami y La Habana, con un viaje directo sin escalas entre las dos ciudades.

La empresa manifestó que está a la espera de la aprobación reglamentaria del Departamento de Transporte, y comenzaría a operar esta frecuencia adicional antes del 15 de diciembre venidero.

Delta ha establecido un marco sólido para el éxito sostenible en el mercado cubano, expresó en un comunicado el director general de la firma para Centroamérica y el Caribe, José Zapata.

El arribo de visitantes estadounidenses a Cuba continúa creciendo en lo que va de año a un ritmo de 118 por ciento hasta el pasado 31 de marzo, según estadísticas de expertos del sector divulgadas por medios de prensa de la nación antillana.

Datos del Ministerio de Turismo de la isla indican que en 2016 viajaron a ella 284 mil 937 personas provenientes de Estados Unidos, para un crecimiento de 74 por ciento en comparación con 2015.

En febrero del año pasado ambos países firmaron un Memorando de Entendimiento sobre aviación civil para estabilizar un servicio regular de transporte aéreo, a partir del cual iniciaron los vuelos directos con un viaje inaugural de JetBlue el 31 de agosto siguiente.

Sin embargo, los ciudadanos estadounidenses aún tienen prohibido ir como turistas a Cuba, como parte de las restricciones impuestas por Washington contra la mayor de las Antillas, y solo pueden visitarla si se incluyen en 12 categorías aprobadas por el Departamento de Estado.

Macri recibe el segundo “verdurazo” frente a la Casa Rosada

El primer “verdurazo" tuvo lugar en septiembre del año pasado también en Plaza de Mayo. Foto: La Nación.

El primer “verdurazo” tuvo lugar en septiembre del año pasado también en Plaza de Mayo. Foto: La Nación.

Miembros de la Unión de Trabajadores de la Tierra protestará este lunes frente a la Casa Rosada con la entrega de miles de kilogramos de verdura a quienes se acerquen y en reclamo de “una Ley de Emergencia que brinde protección al trabajo y apoyo para el fortalecimiento de la producción y la comercialización de los pequeños productores”, según un comunicado oficial de la organización.

Entre los pedidos ante el Gobierno se destacan cuatro: el avance del proyecto de ley, presentado en septiembre del año pasado, para el acceso a la tierra por parte de pequeños productores; la creación de una Ley de Emergencia por las Economías Regionales; la total suspensión de desalojos de campesinos de sus tierras; y la inmediata reglamentación y asignación de presupuesto para la Ley de Agricultura Familiar.

“Debido a la política pública destinada a los distintos sectores que producimos alimentos: verduras, yerba, carne, leche, frutas, somos esclavos de un modelo de producción basado en insumos a precio dólar, y un sistema de comercialización con una diferencia promedio de más de 400% entre lo que recibe el trabajador por su producción y lo que paga el vecino en el mercado del barrio”, aseguraron desde la agrupación, que repartirá 20 mil kilos de verdura a la gente que vaya al lugar de la protesta.

Este es el segundo “verdurazo ” que organizan, tras el que tuvo lugar en septiembre del año pasado también en Plaza de Mayo, cuando fue presentado un pre proyecto de ley de Acceso a la Tierra, que propone crear un fondo fiduciario para el otorgamiento de créditos para la compra de tierras por parte de pequeños productores.

(Con información de La Nación)

Origen: Macri recibe el segundo “verdurazo” frente a la Casa Rosada

Mi bandera: Donde basta con una (+ Video)

Por: Manuel Alejandro Hernández | MESA REDONDA

Fotos: Roberto Garaicoa

Emisión: 21/04/2017

Donde basta con una, un documental sobre la polémica guerra de símbolos y el uso de las banderas, fue el tema que se puso sobre la Mesa Redonda durante la emisión de este 21 de abril de ese espacio televisivo.

El Centro de Estudios sobre la Juventud ha promovido varias investigaciones sobre el uso de la bandera norteamericana en Cuba, al respecto la directora de esa institución, la doctora Teresa Viera Hernández, aclaró que “los estudios sobre la juventud en el país hoy se realizan desde todas las facultades de ciencias sociales del país, no únicamente hacia la arista del empleo de la bandera de los Estados Unidos, sino del empleo de muchos símbolos, patrios, extranjeros, que de alguna manera recoge cómo nuestra juventud cubana se apropia de la globalización y la colonización cultural.

“En el caso cubano, el uso de la bandera de los Estados Unidos es una problemática social que las propias circunstancias sociales del país, en torno a las posibilidades migratorias y a la entrada de intercambio cultural con otras naciones, entraña la posibilidad de que se haya diversificado mucho la manera y ampliado mucho el horizonte en los que eso está ocurriendo hoy.

“La cultura cubana ha logrado ser exitosa por los cubanos y las cubanas, ha encontrado en este escenario hoy con una proliferación del uso de este tipo de prendas, el rechazo ciudadano a que esto ocurra, a lo mejor no proactivamente, pero si en el entendido de que muchas personas se cuestionan la manera en que se usa y cuáles son los preceptos que se utilizan para su uso.

“No es una problemática totalmente aceptada por la población. Los estudios expresan que el uso de esa prenda no tiene que ver con la identificación ideológica con la cultura estadounidense o con principios de vida norteamericana, sino con el uso de determinadas modas que son accesibles para determinadas fuentes de ingreso”.

El documental de la productora Dver, dirigido por el ciudadano Fernando Arias, y un equipo de trabajo que él mismo coordinó, ha sido puesto a disposición de los participantes del espacio “Dialogar, dialogar”. Sobre las reacciones que se han experimentado al respecto, el doctor Elier Ramírez Cañedo, historiador y ensayista, coordinador de ese tipo de intercambios expresó que “ese material es una prueba de cómo se pueden hacer materiales de temas históricos y políticos de calidad y con una factura y una buena acogida en los jóvenes. Hemos conspirado con Fernando Arias y lo hemos llevado a conferencias, al Salón de Mayo, y ha sido muy bien acogido y ha servido para incentivar el debate, porque este material de alguna manera abre una puerta hacia un tema más amplio que es la guerra cultural.

“En los debates que hemos hecho siempre caemos en el análisis de qué hacemos desde la producción simbólica en la lucha ideológica, cultural, y cómo tratamos el tema de nuestros propios símbolos.

“En más de 40 minutos este material, que es solo el primer capítulo de una serie, nos pone a pensar sobre el uso de los símbolos, y la ley respecto a ello. En los análisis que hemos hecho hay bastante consenso en que la ley no es problema. La polémica se da más en el reglamento que es del año 1988, y es más restrictivo y no le permite ni siquiera portar una bandera en un pullover, aunque sea de pequeño formato para llevarla con orgullo.

“Hay posiciones de todo tipo. Hay jóvenes que incluso aprueban que sea más restrictivo el uso. Hay un consenso en que debe haber algún tipo de flexibilización, pero nunca caer en la ofensa al símbolo”.

Lea también este interesante reflexión de Fernando Martínez Heredia

Desde hace varios meses –y estimulado por un incidente bochornoso—está presente en el conjunto de medios que circulan en la actualidad cubana un debate acerca de la utilización en espacios públicos de nuestros símbolos nacionales, la bandera de Estados Unidos y las implicaciones que advierten los participantes en el debate. Esto es muy positivo, porque ayuda a defender y exaltar el patriotismo en la coyuntura peligrosa que estamos viviendo e invita a definirse en un terreno que es favorable a la patria, en un momento en que el curso cotidiano incluye muchas cosas en las que no es necesario definirse, que resultan desfavorables a la patria y la sociedad que construimos a partir de 1959.

Como en tantos otros campos y problemas, pudiera producirse en este una división entre élites y masa de la población. La cuestión expresada en los símbolos nacionales tiene una larga data –siglo y medio–, e implica una cultura acumulada que desde el inicio hasta hoy le aporta al mismo tiempo una fuerza descomunal, una gran complejidad y aspectos que han  sido y pueden volver a ser conflictivos. Desde hace tres décadas vengo publicando mis criterios sobre ese decurso histórico y sus expresiones contemporáneas, y no me repetiré aquí. Solo reitero que la explosión libertaria y de poder revolucionario combinados que se desató hace casi sesenta años logró –entre tantas victorias– deslegitimar y disminuir a fondo las divisiones cubanas entre élites y masa, y resulta vital que no permitamos que hoy se vuelvan a levantar.

En torno a la cuestión de estos símbolos existen actualmente reacciones y opiniones diversas que no creen referirse a problemas trascendentales. Más vale no tacharlas de superficiales, ni sentirse solamente heridos ante lo fenoménico. También pueden crearse confusiones involuntarias, porque las ideologías que se van instalando en clases y sectores sociales no se basan en la malicia, ni en intenciones y reflexiones. Es imprescindible interesar a la formidable conciencia política que posee el pueblo cubano en cuanto a lo que significa esta cuestión, para que la resuelva.

Es preciso aclarar que estamos ante dos problemas diferentes: el del uso y la regulación de los símbolos identificados como nacionales, y el de la batalla cultural decisiva entre el socialismo y el capitalismo que se está librando en la Cuba actual. [1] Trataré de sintetizar aspectos, comenzando por el primer problema.

La ley que rige la utilización de esos símbolos puede ser muy rígida, pero nadie le ha hecho caso nunca a esa rigidez, y el pueblo ha expresado su patriotismo de todas las formas y con todas las acciones que ha estimado conveniente.

El canon patriótico popular de uso de los símbolos nacionales tiene otras reglas que son diferentes a las legales, y más legítimas que estas, porque tiene su fundamento en la conciencia colectiva, los sentimientos, las costumbres y
las tradiciones que lleva íntimamente cada persona consigo, desde que comienza a descubrirlos y asumirlos de niño hasta la muerte.

En la batalla de símbolos que se está librando participa una multitud de cubanas y cubanos que sienten una profunda emoción al cantar el himno nacional –como el atleta premiado que lo entona llorando–, o portan, veneran,
pintan, saludan a la bandera de la estrella solitaria. Participan los que tienen a Martí como el padre tutelar de esta nación, que nos enseñó las cuestiones esenciales y nos brindó su talento, su proyecto y su vida, le tienen devoción y
lo representan, aunque lo hagan con más unción que arte. Y los que siguen a Maceo porque supo trasmutar la guapería en heroísmo, renunciar al mérito propio por la causa y presidir la familia que murió por Cuba. Participa el que se tatúa al Che en su cuerpo, el que siente orgullo de ser cubano y el travesti vestido con la bandera en la obra de teatro político hecha por jóvenes.

Es un error poner las precisiones y discusiones sobre la ley en un lugar importante, en medio de la tremenda pelea de símbolos que ya estamos viviendo. Sería otra de esas discusiones que pueden ser largas o abstrusas,
pero le interesan a muy poca gente y no sirven de mucho.

La ley debe servir, con claridad y sencillez, para defender lo que sería el hábito externo del patriotismo, frente al avance galopante de la mercantilización que está envileciendo tantas cosas, y para ayudar a hacer acertadas y efectivas las expresiones populares y oficiales del patriotismo. Hay que sacarla de la fría prosa y la convocatoria semestral de la Asamblea Nacional. Los medios de comunicación y el sistema educacional deben divulgarla –insisto, divulgarla–, como un auxiliar más del patriotismo, ayudándose con algunas narraciones emotivas y unos cuantos datos que casi nadie conoce, que sean ajenos unas u otros a los clichés tan repetidos que no mueven a nadie y provocan aburrimiento o rechazo.

Paso a la función de los símbolos en la batalla cultural, que en la fase actual de Cuba es la principal.

Será muy positivo si podemos analizar cada aspecto diferente del problema, teniendo siempre en cuenta que no existen así, sino como parte de un todo; que existen mezclados, en conflicto o en paralelo con los demás aspectos y
problemas de su propio ámbito, pero sobre todo con otras características de la sociedad cubana actual. Habría que elaborar una comprensión del conjunto de la cuestión de los símbolos nacionales en función del complejo y doble conflicto actual, entre capitalismo y socialismo y entre Cuba socialista y Estados Unidos. Y atender también a los condicionamientos a que someten a la cuestión las corrientes culturales principales del mundo actual.

En cuanto a esto último, gana cada vez más terreno a escala mundial la homogeneización de opiniones, valoraciones, creencias firmes, modas, representaciones y valores que son inducidos por el sistema imperialista mediante su colosal aparato cultural-ideológico. Una de sus líneas generales más importantes es lograr que disminuyan en la población de la mayoría del planeta –la que fue colonizada– la identidad, el nacionalismo, el patriotismo y sus relaciones con las resistencias y las revoluciones de liberación, avances formidables que se establecieron y fueron tan grandes durante el siglo XX. La neutralización y el desmontaje de los símbolos ligados a esos avances es, por tanto, una de sus tareas principales. Es obvio que ese trabajo trata de ser más eficaz hacia los jóvenes, que están más lejos de las jornadas y los procesos del siglo XX. Si logran que les salga bien, la victoria imperialista será mucho mayor, porque se generalizará el desconocimiento y el olvido de aquel mundo de libertad, justicia social y soberanía, y les será más fácil implantar el mundo ideal y sensible correspondiente a su dominación.

En vez de desconcertarnos con las anécdotas terribles de ignorancias de jóvenes en este campo, y de que se extiendan las creencias en mentiras y aberraciones que son difundidas dentro de la masa creciente de medios que no controlamos, hay que desarrollar ofensivas –no ripostas– de educación patriótica y socialista bien hechas, atractivas y eficaces, exigir y lograr la participación de los medios nuestros que deben implicarse en esas ofensivas y la eliminación de las actuaciones y omisiones que se opongan a ellas o las debiliten, y organizar atinadas campañas de condena y desprestigio de los aspectos burdos o menos disimulados del sistema cultural-ideológico imperialista.

Pero lo esencial es que partamos de que en lo interno a Cuba está lo decisivo en la batalla de los símbolos.

Los niños pequeños y los alumnos de primaria aprenden a sentir el patriotismo y venerar los símbolos. Confluyen en ese logro la enorme tradición cubana que les llega desde las familias y en la escuela, por la cual pasa el universo infantil, el esfuerzo de sus maestros, los actos escolares. Desde hace más de un siglo el patriotismo ha tenido una amplia presencia en su socialización, y la Revolución multiplicó las acciones, los vehículos y las actitudes positivas en esa asunción más temprana del patriotismo. La fractura viene poco después.

Hay que actuar mucho y bien en la formación de los adolescentes y jóvenes, porque ahí se unen la deficiente calidad de la educación secundaria y la avalancha de materiales ajenos o desfavorables al patriotismo nacional que cae sobre ellos, en una etapa de la vida en la que el ser humano experimenta una multitud de cambios, motivaciones e influencias. El peso de la familia disminuye en esa etapa, es insuficiente el trabajo o la influencia en ellos de instituciones y organizaciones de la Revolución, y se topan cada vez más con diferencias sociales, porque ellas han venido creciendo.

Esas diferencias impactan su sensibilidad y su comprensión de la sociedad cubana, llegan a obligar a una parte de los adolescentes y jóvenes a hacer elecciones y renuncias, y tienden a sectorializarlos y disgregarlos.Sin embargo, no debemos conformarnos con generalizaciones superficiales, ya sean triunfalistas o pesimistas. Es imprescindible analizar y llegar a conocer la situación, con rigor y con honestidad. Esto nos permitirá, por ejemplo, encontrar
muchos miles de jóvenes en disímiles situaciones y de diferentes sectores, a lo largo del país, que se identifican con el patriotismo popular de justicia social, o que lo harían si se representan que eso es necesario. Qué los motiva, cómo lo
entienden, cómo lo formulan, merece estudio más que preocupación. Y es posible que los más conscientes no parezcan muy tentados a decir lo dicho, hacer siempre lo que se espera ni hacer mucho caso a los consejos. Las generaciones que emprendieron las revoluciones que ha vivido Cuba tenían esos mismos rasgos.

Por su parte, la creciente conservatización de nuestra sociedad no incluye un chovinismo cubano, sino más bien la imitación de modelos extranjeros. Ponerse al día con los consumos materiales e ideales, hacer lo que se espera
que uno haga, alternar, ocupar un lugar social determinado, no privilegia lo nacional, sino lo “de afuera”, y Estados Unidos tendrá cada vez más presencia en esto. Pero no se trata de una subestimación abierta de lo propio, como
experimentaban los colonizados hasta el siglo pasado: ahora viene envuelta en su disfraz neocolonial. Lo que abunda es una supuesta comprensión de que las naciones y lo nacional no tienen tanta importancia, y que la vida cotidiana, la
diversidad de identidades e inclinaciones humanas y sociales de los individuos, gran parte de las preocupaciones y las ideas sobre el medio ambiente, la vida cívica y otras cuestiones se pueden y se deben compartir sin ninguna reserva
por las personas de “todas” las naciones.

Detrás está la estrategia imperialista de desnacionalización de la población de la mayoría de las naciones, para desarmarlas y dominarlas más fácilmente, pero este peligro mortal no es objeto de polémicas políticas ni ideológicas. Los comportamientos desarmantes parecen algo natural, “normal”, y pueden llevar a considerar anticuado, obcecado y hasta cavernícola al que insiste en fastidiosos discursos políticos.

Permítanme usar un material de hace dos meses para añadir criterios acerca de los símbolos. En los pueblos que han logrado avanzar en la lucha contra el colonialismo que el capitalismo le ha impuesto a la mayoría del planeta, numerosos aspectos de su universo simbólico adquieren una importancia excepcional. Son fuerzas inmensas con las que cuentan, muy superiores a sus escasas fuerzas materiales, porque son capaces de promover la emoción,
exaltar los valores y guiar la actuación hasta cotas de esfuerzos, incluso de abnegación, heroísmo y sacrificios, que serían imposibles sin ellas, y propician triunfos que pueden ser asombrosos.

Al mismo tiempo, esos símbolos son el santo y seña cívico de una comunidad nacional, las canciones, las telas, los
nombres, los lugares que identifican y reúnen a las hijas y los hijos de un pueblo orgulloso de su historia.

Por eso los símbolos cubanos son hoy también un frente en la guerra cultural. Pero lo que a mi juicio será decisivo es si enfrentaremos o no nuestros problemas fundamentales como revolucionarios cubanos socialistas, con la mayor participación real que sea posible en cada caso, con honestidad ante los datos de los problemas, la apelación al consenso y la creatividad de los implicados, la mayor flexibilidad táctica y el más férreo apego a los principios.

Hay que defender y difundir la causa del patriotismo socialista, la hija de la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, hay que hacer conciencia y movilizar, hay que vivir y compartir las emociones y los
sentimientos, las ideas y las actuaciones que han llevado a este pueblo a ser admirado en el mundo. Los símbolos nacionales no son cosas fijas que deben ser honradas según un recetario establecido, son algo que no vive por sí, sino
cuando lo hacemos vivir. Son una relación íntima de cada uno y del pueblo entero con una dimensión que las personas revolucionarias y la nación liberada convirtieron en algo entrañable. Son la campana de La Demajagua de hoy, que
apuesta a un futuro de libertad, soberanía y justicia social.

En fotos la Mesa Redonda

Los estudios expresan que el uso de esa prenda no tiene que ver con la identificación ideológica con la cultura estadounidense o con principios de vida norteamericana, sino con el uso de determinadas modas que son accesibles para determinadas fuentes de ingreso

Sobre las reacciones que se han experimentado al respecto, el doctor Elier Ramírez Cañedo, historiador y ensayista, coordinador de ese tipo de intercambios expresó que “ese material es una prueba de cómo se pueden hacer materiales de temas históricos y políticos de calidad y con una factura y una buena acogida en los jóvenes.

Vea en Video la Mesa Redonda

#LaPatriaEnMovimiento En apoyo a #Venezuela articulemos y movilicemos las fuerzas maravillosas de los pueblos.

Por Katiuska Blanco, intelectual cubana:

Cuando el Comandante Fidel Castro empleaba las energías que le restaban a los sueños de un mundo mejor y más justo, escribió: “Venezuela, por su extraordinario desarrollo educacional, cultural, social, sus inmensos recursos naturales, está llamada a convertirse en un modelo revolucionario para el mundo”. Era el 15 de octubre de 2011 y ratificaba su admiración ante el Comandante Hugo Chávez, a quien reconocía metódico e incansable. “Se trata –dijo- de una persona sumamente humanitaria y respetuosa de la ley, jamás ha tomado venganza contra nadie. Los sectores más humildes y olvidados de su país le agradecen profundamente que por primera vez en la historia haya una respuesta a sus sueños de justicia social”.

Ese legado hermoso que el presidente Nicolás Maduro y el pueblo de Venezuela defienden heroicamente en medio de la perversa guerra económica y los ataques políticos y golpistas de la OEA, es el que pretenden atropellar y borrar hoy los sectores oligárquicos fascistas al servicio del Imperio. Los Estados Unidos de América, como en los tiempos de José Martí, pretende dividir a los pueblos para dominarlos y saquear sus recursos naturales, los de Venezuela en particular, fuente inmensamente rica en petróleo y agua. ¿Qué puede esperarse de la OEA y de un traidor como Almagro? No ven el sufrimiento de nuestros pueblos, no ven el hambre, la pobreza, la guerra, ni a las víctimas del narcotráfico y del paramilitarismo en la región. No les asiste ningún derecho porque con absoluto cinismo se desentienden de los horrores y agreden a una Revolución por su humanismo y sueños de equidad y justicia, de soberanía.

Fidel, cuya visión de futuro siempre asombraba a todos, también vio en la Revolución Bolivariana la esperanza de que se hiciera realidad el sueño de los Libertadores de la gran patria latinoamericana. Venezuela, heredera principal de una epopeya histórica extraordinaria que consiguió la independencia para muchos de los pueblos de nuestro continente, es hoy la vanguardia de la integración y de la posibilidad cierta de que Nuestra América alcance de manera definitiva su segunda y verdadera independencia, por esa razón concita todo el odio de la reacción internacional, no solo en nuestra región sino incluso más allá, en la vieja Europa.

La pasión libertaria, el ansia de redención social y el espíritu de nación, no solo para sí, sino para todos los pueblos de la humanidad, alientan la lucha de la Revolución Bolivariana, en una resistencia admirable que debe recibir el apoyo y la solidaridad de todas las fuerzas revolucionarias y progresistas de Latinoamérica y el mundo. El pueblo es fuente de derecho, la Revolución es legítima porque es para bien de las mayorías, tiene el derecho de existir y defenderse.

Con el recuerdo del periodista Jorge Ricardo Massetti en la memoria levantemos nuestras voces y estrechemos en un abrazo a los que luchan y no lloran, articulemos y movilicemos las fuerzas maravillosas de los pueblos en apoyo a la Venezuela hermana y esperanza.

Katiuska Blanco, escritora y periodista cubana. Miembro de la Red de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad, en Cuba.

Tomado de: http://cubaessurtidor.blogspot.com/2017/04/venezuela-hermana-y-esperanza.html

La impaciencia del imperio y su daño colateral.. #Cuba

La impaciencia del imperio y su daño colateral. Por Iroel Sánchez

Por Iroel Sánchez

“Hubo un período de paciencia estratégica pero ha terminado”, ha afirmado el Vicepresidente estadounidense Mike Pence. Lo dijo desde la frontera que parte al medio la península coreana pero por sus palabras allí  es claro no se refería solo a las amenzas que su gobierno ha hecho contra Corea del Norte, porque agregó, en referencia a los bombardeos estadounidenses con misiles Tomahowk contra una base aérea de las fuerzas armadas sirias, y con una “superbomba” en Afganistán, efectuados días antes:

 “Estas dos últimas semanas, el mundo ha sido testigo de la fuerza y determinación de nuestro nuevo presidente durante operaciones llevadas a cabo en Siria y Afganistán”.

Poco después, el Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, planteaba que el acuerdo nuclear con el gobierno iraní “ha fracasado a la hora de cumplir su objetivo”,  aunque el día anterior reconociera en carta al líder congresional Paul Ryan que Irán está cumpliendo el acuerdo nuclear pero que este sufrirá “una revisión”, incluyendo las sanciones que le fueron retiradas a la nación persa en concordancia con ese pacto.

Se anunciaba simultáneamente que una poderosa flota norteamericana, encabezada por un portaaviones, se dirigía desafiantemente hacia las cercanías del territorio coreano pero ahora se conoce demorará un poco en llegar porque sorpresivamente ha aparecido en Australia para, a fines de este mes, calentar las aguas asiáticas ya bastante calientes, donde habitan cinco mil de los siete mil millones de personas que conforman la humanidad, como advirtiera Fidel cuando en abril de 2013 afirmó que si allí estalla un conflicto nuclear el gobierno de turno en Washington “quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos” y recordó a  Corea del Norte “sus deberes con los países que han sido sus grandes amigos” porque “no sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta.”

La impaciencia unilateral no es un aporte de la impresentable administración Trump. El “liberal” y muy presentable Bill Clinton disparó misiles hacia varios lugares cuando su portañuela empezaba a caer bajo indagación en el Lewinsky affaire y el aún más presentable Barack Obama lo hizo con Libia para que luego la esposa de Bill, y alternativa electoral al actual mandatario estadounidense, riera inconteniblemente al conocer del descuartizamiento del gobernante libio Muanmar el Gadhafi.

“¿Tiene acaso el Presidente de Estados Unidos el derecho a juzgar y el derecho a matar;  a convertirse en tribunal y a la vez en verdugo y llevar a cabo tales crímenes, en un país y contra un pueblo situado en el lado opuesto del planeta?” se preguntaba Fidel a raíz de la actuación de Barack Obama en Afganistán, pero sus interrogantes se pueden aplicar a todos los presidentes norteamericanos. Aunque justo es reconocer que hacia el final de su administración, Obama terminó prefiriendo los “limpios” asesinatos,  drones mediante, a las “superbombas”.

¿Se conocen invasiones coreanas, sirias o iraníes a miles de kilómetros de sus respectivas fronteras?¿Alguna vez han empleado esos países “superbombas ” o ejecutado adversarios en otros países mediante drones?¿No actuó el gobierno norteamericano sumarísimamente como fiscal, juez y verdugo al bombardear Siria, atribuyendo a su gobierno un ataque químico que hasta ahora nadie ha podido probar?

No obstante, el imperio está impaciente y los medios de comunicación, semanas atrás furibundamente antitrumpistas, le hacen el coro.

Pero, cómo enfrentar la impaciencia del imperio sino con una gran movilización política,como hizo Fidel, cuando, durante una situación similar en octubre de 2010 que involucraba a Irán, Israel y Estados Unidos escribió en un dramático mensaje:

“Los pueblos están en el deber de exigir a los líderes políticos su derecho a vivir. Cuando la vida de su especie, de su pueblo y de sus seres más queridos corren semejante riesgo, nadie puede darse el lujo de ser indiferente, ni se puede perder un minuto en exigir el respeto a ese derecho; mañana sería demasiado tarde.”

Por estos días, en que el mundo extraña la estatura ética de Fidel, su capacidad para movilizar desde las ideas y estremecer conciencias, uno de sus más fieles discípulos ha retomado su postura. Evo Morales  ha advertido, en la misma fecha de las declaraciones de Pence, con su sabiduría no libresca:

“La guerra es el soporte del capitalismo, quienes apoyan el capitalismo apoyan la guerra, es decir, la filosofía de la muerte y la destrucción. Nos están acercando peligrosamente a una tercera guerra mundial de consecuencias impredecibles”

Nuevamente son los que menos tienen que perder los más lúcidos. Mucho antes, al intervenir en  la Asamblea General de la ONU en nombre de los Países No Alineados, Fidel expresó palabras que hoy resuenan extraordinariamente actuales:

“El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se puedan resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia. No pueden tampoco matar la justa rebeldía de los pueblos y en el holocausto morirán también los ricos, que son los que más tienen que perder en este mundo.”

Porque, como también afirmaba Fidel en su mensaje de 2010, si triunfa la impaciencia del imperio “el daño colateral sería la vida de la humanidad”.

(Al Mayadeen)

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