EE.UU.: La nunca abandonada doctrina Monroe

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Alfredo Serrano Mancilla y Silvina Romano*

Las paradojas del calendario: el viernes santo Trump sostuvo una reunión con los ex presidentes colombianos Uribe y Pastrana. Poco o nada se sabe de lo que allí conversaron. Lo único ha sido un tweet de Pastrana agradeciendo “la cordialidad y la franca conversación”. Lo particular del caso es que este encuentro se haya realizado antes con ellos que con el propio presidente colombiano Santos. Con éste, lo único que se produjo fue una llamada telefónica en la que el presidente estadounidense “le expresó su apoyo a la paz”. De esta forma, debemos imaginar que Trump se asegura jugar con todas las cartas: el apoyo a la Paz vía Santos y el apoyo a la guerra vía Uribe-Pastrana.

El primer presidente latinoamericano en visitar la Casa Blanca desde la investidura de Trump fue el peruano Kuczynski. Fueron únicamente 12 minutos de reunión. ¡Sale carísimo el minuto para ver a Trump si posees ciudadanía latinoamericana! El siguiente de la lista será Macri. El presidente argentino está empeñado en mostrar esa foto al costo que sea. Si el precio fuese ceder más soberanía, así lo hará. Incluso estaría dispuesto a ofrecerle hasta una base militar. Después de lo hecho con los fondos buitre, cualquier cosa puede esperarse de ese encuentro en el que Macri pretende proclamarse el verdadero CEO del patio trasero.

Por el momento, Trump ha descartado que esa visita sea considerada “de Estado”. Esto implica que no habrá encuentros formales de los gabinetes de ambos países. Los temas a tratar entre los mandatarios en el almuerzo previsto de 90 minutos seguramente serán los de siempre: Macri comprará armas a Estados Unidos; se endeudará aún más; seguirá ordenes en contra de Venezuela, se comprometerá a adquirir algunas Torres Trump, y con suerte, Trump le permitirá que los limones argentinos entren a su país con un arancel aceptable. Un intercambio desigual que es a lo que Macri le llama “volver al mundo”.

Luego de las últimas acciones de Trump en Siria y Afganistán, muchos siguen creyendo que la política exterior estadounidense con América latina será de segundo orden en las prioridades del Pentágono. Pero no. Ni mucho menos. Y para prueba, un botón. En su reporte anual al Congreso, el Almirante Kurt Tidd, actual comandante del Comando Sur, declaró abiertamente: “planteado de manera simple, los desafíos para la seguridad en la región (América Latina) probablemente se transformen en desafíos al interior de la frontera de los Estados Unidos”. Dicho de otro modo, en clave militar, se da una vuelta de tuerca más a la nunca abandonada doctrina Monroe. En virtud de un planteo geopolítico de largo plazo para con América Latina, el actual gobierno estadounidense actualiza la noción de “patio trasero”.

Que nadie lo dude: aunque Trump lance bombas contra medio mundo, esto no significa que descuide a su vecino del sur. En un informe reciente del Security Assistance Monitor se afirma que las notificaciones de ventas comerciales de armas de Estados Unidos a América latina y el Caribe suman más de la mitad del total a nivel mundial (351 millones de 662 millones de dólares), siendo potencialmente la mayor región receptora a nivel mundial. Esto demuestra que persiste un gran interés en recolonizar el patio trasero, profundizando la dependencia armamentística y militar.

La última actuación de la política exterior de Estados Unidos hacia la región ha sido la declaración del Departamento de Estado nuevamente en contra de Venezuela. El tono sigue subiendo. Luego del uso ineficaz de la OEA, ahora el camino parece ser más explícito y directo. Con un lenguaje imperativo, insta a “tomar medidas inmediatas que permitan una pronta solución a la grave crisis que afecta a todos los venezolanos, y consiguientemente, a la región”. Pero además habla de “represión criminal”, como si el gobierno estadounidense tuviera la integridad para dar ejemplos de respeto a los derechos humanos (baste recordar el demoledor informe del Senado en 2014 sobre las torturas perpetradas por la CIA).

Trump está mirando hacia América Latina en un contexto en el que parece haber otorgado vía libre al Pentágono como rector de la política exterior. La región latinoamericana es parte de los objetivos estratégicos de larga data para el gobierno del Norte. El unilateralismo de Trump choca de frente con el mundo multipolar en el que vivimos. Veremos quién puede más.

* Celag

Fuente: Página 12

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