El acento cubano de una doctora estadounidense

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Arabia Mollette, nacida en el Bronx neoyorkino, habla y bromea en español de forma fluida, pero sin mostrar rasgos de una lengua aprendida en la academia o entre inmigrantes, sino con el acento inequívoco de los cubanos.

La doctora especializada en Emergencias, quien tiene entre sus metas apoyar a las comunidades vulnerables, ante la presencia de un natural del país caribeño saluda con el característico ‘¿Qué bolá?’ y menciona lugares y tradiciones como si fuera ella misma oriunda de la isla.

Esas son huellas de haber pasado seis años de su vida en la mayor de las Antillas, donde cursó estudios en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM).

Al referirse a su paso por esa institución docente desde 2006 hasta 2012, no escatima en palabras de halago para profesores, compañeros de estudios e, incluso, amistades a las que hoy llama ‘su familia adoptiva’.

Todavía conservo en un marco la carta en la que me confirmaron que fui aceptada para la beca en Cuba, confesó recientemente durante un conversatorio con estudiantes y profesores de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Morgan, en la ciudad de Baltimore, Maryland.

Luego de ese encuentro, Arabia afirmó a Prensa Latina que la estancia en el territorio caribeño ha sido la mejor experiencia de su vida.

Destacó que el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, le dio la oportunidad de estudiar medicina, para realizar su sueño de ser doctora en Estados Unidos y apoyar a los barrios con pocas oportunidades.

Los cubanos son muy amables, me ayudaron mucho, no estuve con mi familia durante ese tiempo y ellos eran mi familia, aseguró al hablar con orgullo de sus ‘tías’ en el barrio habanero de El Cerro o de amistades en provincias como Matanzas y Santiago de Cuba.

Al escucharla disertar sobre sus estudios, la labor realizada tras graduarse en la isla y los planes que tiene en la actualidad, casi nadie imagina la historia de dolor y pérdida detrás de esta mujer jovial y optimista, que se describe a sí misma como una doctora linda y de gran empatía con sus pacientes.

EL PODER DE LA VOLUNTAD

Las drogas, lamentó, estuvieron presentes en su entorno desde la infancia, y aunque dice que ella nunca consumió, llegó a venderlas para sobrevivir en un ambiente hostil.

Con menos de 15 años de edad, y tras un intento de suicidio de su madre, estaba sin hogar en las calles, andaba en medio de compañías peligrosas, e hizo del alcohol un recurso habitual.

A pesar de eso, la escuela fue su tabla de salvación, tanto que fue una alumna reconocida con honores en la secundaria Peekskill. ‘Mi mamá siempre me habló de la importancia del estudio, cuando estaba en la escuela me olvidaba de lo que había afuera’.

En esa etapa conoció a un hombre mucho mayor que ella, comenzaron a vivir juntos, y, en medio de malos tratos y golpizas, salió embarazada y se convirtió en madre.

Sin embargo, con solo 17 años sufrió la muerte de su bebé debido a sacudidas violentas del padre del pequeño, quien fue apresado por homicidio involuntario, y no mucho después la familia tuvo otra tragedia con la muerte de una de sus hermanas a raíz de un tiroteo.

Esas dos crudas heridas tuvieron un elemento en común: en ambos casos, en las salas de emergencia de hospitales diferentes, ante sus agudas preguntas sobre el estado de salud de sus seres queridos, dos galenos le recomendaron que considerara seriamente la posibilidad de estudiar Medicina.

Tales consejos, unidos a su interés por ese campo desde la infancia, fueron vistos como una señal por la joven, quien decidió poner su vida en orden y continuar estudios en universidades comunitarias, donde obtuvo grados en disciplinas como Psicología y Ciencias Biomédicas.

Incluso entonces se vio en ocasiones sin hogar, y a pesar de su deseo de estudiar Medicina, esa meta parecía imposible debido a su situación financiera y a los altos costos de ese tipo de carrera en el país.

El sueño pareció menos distante cuando a través de una amiga conoció de la ELAM y de la posibilidad que daba el Gobierno cubano para jóvenes extranjeros.

Dispuesta, preguntó por toda la información sobre el tema, pasó diferentes entrevistas necesarias para el proceso de aceptación, y el 28 de noviembre de 2006, en suelo caribeño, comenzó a alcanzar su meta.

‘CUBA AHORA ES MI CASA’

En mayo de 2000, una delegación del Caucus Negro del Congreso de Estados Unidos visitó Cuba y fue la primera en recibir, de parte de Fidel Castro, la disposición de la nación antillana de asignar un número de becas a jóvenes de bajos ingresos para estudiar Medicina.

La Fundación Interreligiosa para la Organización Comunitaria/Pastores por la Paz, con una larga historia de solidaridad con el país caribeño, ha jugado un papel determinante como facilitadora del programa para los estadounidenses.

Fue a través de ella que la hoy doctora Mollette llegó al centro de estudios superiores que ha capacitado a unos 25 mil especialistas de la salud de 84 naciones.

La etapa más difícil, recordó, fue aprender un idioma que hasta el momento desconocía y tener que recibir las clases así. ‘Una profesora, al darse cuenta de que yo no hablaba nada de español, me invitó a su casa, hizo comida para mí, y comenzó a enseñarme el nombre de cada cosa’.

Al cabo de tres meses entendía bien, y en un año ya hablaba de todo, agregó la especialista, quien señaló con picardía que por su piel negra y su corte de cabello pocos se daban cuenta de que era estadounidense.

‘Muchas veces me dijeron que yo era santiaguera’, sonrió en alusión a las mujeres oriundas de Santiago de Cuba, en el oriente de la isla, un lugar al que señala como su provincia favorita.

‘Pero también me gustan mucho Cienfuegos, Pinar del Río y el queso de Camagüey’.

En la ELAM, rememoró, nos dividían en grupos de estudio y todos velábamos por los resultados de nuestros compañeros, eso nos impulsaba más y nos daba disciplina.

De acuerdo con la doctora, fue una gran posibilidad compartir con jóvenes de diversas nacionalidades, tanto de habla hispana como anglófonos, y recibir los contenidos de profesores que exigen lo mejor de sus alumnos.

Resaltó con orgullo que tras concluir sus estudios volvió a Estados Unidos, aprobó los exámenes necesarios y fue aceptada el mismo año de su graduación para realizar su residencia en el estado de Nueva Jersey.

Actualmente trabaja como médico de Atención de Emergencia en el Woodhull Medical and Mental Health Center de Brooklyn, Nueva York, y tiene una notable participación en el mundo de Internet y las redes sociales.

‘Muchas personas han jugado un papel fundamental para que me convirtiera en la persona que soy hoy’, expresó con agradecimiento.

Algunos de ellas están en Cuba, que ‘ahora es mi casa, esa es mi isla querida, puedo regresar cuando quiera’.

Prueba de ello es un reciente post de su página de Facebook con una foto tomada durante la etapa en la ELAM, en la cual luce un pulóver con la frase de Fidel Castro: ‘Esta humanidad tiene ansias de justicia’.

‘Mi tía cubana me dio esta camiseta para recordarme que mi propósito es ser una doctora excelente y traer justicia a la humanidad’, escribió.

Tomado de PL

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