Las campañas contra Rusia y la “libertad” de Occidente.

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Por Sara Rosenberg / La Pupila Insomne

 “Hoy, 9 de mayo, en todas las ciudades de Rusia y en muchas del mundo se celebra la Victoria del pueblo y de la URSS  sobre el nazismo. La Gran Guerra Patria. Hoy más que nunca decimos otra vez Venceremos al fascismo siempre, esté donde esté, se esconda donde se esconda, gobierne donde gobierne, porque la Victoria sobre la muerte es la siembra y el renacimiento de la Vida. ¡Viva el Batallón Inmortal por siempre!  El fascismo fue y será derrotado, aunque sus técnicas hayan ariado y se hayan disfrazado, adonde estén los iremos a buscar. No pasarán.” 

Resulta sorprendente la proliferación de noticias –verdaderas campañas mediáticas- sobre la homofobia, la misoginia y los abusos infantiles en Rusia. Cada   vez que los medios occidentales hablan de Rusia presentan a un “monstruo violador” de los derechos humanos y sociales; son campañas de propaganda en cuyo núcleo están las mujeres, los niños y los homosexuales.

Como si no  hubiéramos tenido suficiente empacho con las películas yanquis –casi un 70% de las producidas durante la guerra fría- en las que las que los rusos eran malos, se llamaban Nikita, hablaban mal, eran torpes generalmente calvos con ojos rasgados y malos- malísimos, ahora además atacan a los más vulnerables y a la diversidad sexual.   En esas películas hasta la hermosa lengua rusa sonaba  como una patada en el oído.  La guerra fría no ha hecho más que prolongarse en esta nueva guerra propagandística que tiene el mismo origen liberal y fascista.

Las campañas que tergiversan la situación están dirigidas sobre todo a movilizar a los movimientos contra la homofobia, -LGTB, feministas, gays- y a cuanta gente de Europa y Esyados Unidos desinformada pero sensible a estos temas sea necesaria para la tarea de criminalización del gobierno y el pueblo ruso.

En la última campaña, la de abril, los malos malísimos chechenos han pasado a engrosar el estereotipo que el liberalismo necesita. Dicen que en Chechenia hay campos de concentración para homosexuales, a los que encierran y torturan. No hubo medio –desde los más liberales a los supuestamente progresistas- que no se hiciera eco de la opinión de un periódico liberal ruso –Novaya Gazeta– que fraguó la noticia poco después desmentida con pruebas contundentes. Las redes hervían, el movimiento LGTB lanzó un llamado para protestar frente a las embajadas rusas y empezaron a hacer campañas para juntar dinero destinado a “salvar” a los homosexuales  encerrados en esos campos por los malísimos chechenos que están aliados al malísimo aún más malo Putin. (Basta abrir internet y poner “Chechenia-homosexuales perseguidos” para alucinar con la dimensión de una campaña fundada en una noticia falsa).

La campaña anterior, que también corrió como la pólvora en las primeras planas occidentales anunciaba que el gobierno ruso permitía pegar a las mujeres “una cachetada por año”. Suena  a broma, pero la noticia manipulada y la ignorancia absoluta sobre los contenidos de la ley que se había debatido en el parlamento ruso levantó críticas y ríos de tinta desde el movimiento feminista mundial.  Y esta campaña se continuó a propósito de la así llamada  “ley de cachetes” (reformas de una ley sobre responsabilidad penal por violencia doméstica en relación a los niños).

Los datos y los argumentos que expone la prensa occidental sobre todos estos casos no tienen nada que ver con la realidad, pero sirven para criminalizar a la sociedad rusa donde tiene lugar un profundo debate político sobre temas que tienen que ver con la historia de la destrucción del estado soviético y la familia soviética que fue desamparada y expoliada desde la llegada al gobierno de las mafias privatizadoras y neoliberales (perestroika) que secuestraron los derechos sociales –tal como sucede en Occidente- y permitieron que la miseria y el hambre segaran la vida de más de dos millones de rusos durante los años 90. La salud pública, la educación, la vivienda, el transporte, el trabajo, todo fue puesto bajo la ley de la máxima ganancia y el crimen. La desposesión alcanzó también a los más vulnerables, los niños, y crecieron como hongos los orfelinatos y las técnicas de mercantilización de la infancia.

La debacle de la URSS afectó especialmente a la célula fundamental de la sociedad.   Y  hay que entender que la familia durante los setenta años de socialismo fue la trasmisora de valores humanos y sociales, de cultura y memoria. Destruida la familia y el sistema educativo, la sociedad quedó librada a ser pasto de los especuladores y de las mafias que no tuvieron ningún reparo en transformar también a la infancia en un negocio.

Cientos de miles de niños fueron vendidos, usados, despojados de sus derechos elementales.  Rusia se transformó en un mercado siniestro de bebés huérfanos o secuestrados a sus familias caídas en la más terrible pobreza.

Para poder realizar este saqueo brutal, los mercaderes necesitaron que hubiera falta de control,  leyes blandas y de supuesta “defensa de la infancia”. Tal como necesitan leyes blandas y “tolerantes” para hacer negocios con la prostitución y el tráfico-esclavitud  de personas.

Los responsables de esta barbarie tienen nombre y apellido, son parte de la élite y de su organización criminal con gran influencia en el aparato de estado, y además están muy bien relacionados con los grupos de poder occidentales. Son quienes proclamaron abiertamente –durante los 80 y los 90- que las leyes de protección de la familia y de los seres humanos que existían durante el período soviético debían de ser abolidas en nombre de esa “libertad” que les permitiría asimilarse al Occidente. Son los mismos que dirigieron y participaron activamente en la destrucción del estado  socialista  que les impedía transformar en negocio privado lo que era un bien de todos.  No sólo se privatizaron y se destruyeron las industrias, la cultura, la educación, la salud, era necesario destruir también el sentido humanista, ético y colectivo de la vida  y a eso se abocaron proclamando que se trataba de luchar contra el “estalinismo” para ocultar que estaban destruyendo el socialismo soviético y la vida colectiva.  Seguramente que la vida en el socialismo no era perfecta, pero la que la reemplazó fue monstruosa.

Estas reformas aparentemente “protectoras” de la infancia y la demanda de leyes blandas para la delincuencia organizada y la explotación de los niños, mujeres y hombres fueron impuestas por los sectores liberales pro-occidentales que trabajaron con firmeza para destruir la subjetividad colectiva –el sentido histórico, social y patriótico- y contribuyeron enormemente a la implosión de la URSS y al desmantelamiento de los derechos sociales y políticos de las mayorías.

Estas “leyes” delincuenciales que se impusieron sobre millones de cadáveres y de marginados y que están siendo hoy combatidas por inmensos sectores de la sociedad rusa, donde el Movimiento de resistencia padres y  madres (RVS) juega un papel muy importante.

La lucha y el debate sobre estas leyes – llamadas de “Justicia Juvenal”- que afectan las raíces y los valores heredados de la época soviética, tienen un profundo carácter político. Son parte de la guerra ideológica en sus aspectos más sensibles y quizás menos visibles. Destruir valores colectivos, memoria e historia es una estrategia constante del imperialismo. Y ese es el núcleo fundamental que llevó a la implosión de la URSS. La batalla de ideas –como decía Fidel- en un momento perdió fuelle y esa coyuntura fue aprovechada para minar las bases de una sociedad socialista, donde la familia tenía un papel protagónico.

Por eso mismo la prensa occidental se hace eco de sus socios al interior de Rusia, apoya a los sectores liberales que promueven valores liberales tales como los que están destruyendo -o han destruido ya- la sociedad occidental en nombre de una ”libertad” que es sólo libertad para consumir y explotar a nuestros semejantes.

Un extraño concepto de libertad, la “libertad individual”, la “libertad de expresión”, la “libertad sexual”, como si en esta fragmentación fuera posible la  existencia de la libertad, que es siempre colectiva. La vieja contradicción entre  “bien vivir” o el vivir bien de unos pocos a costa del saqueo de las mayorías.

Estos aspectos tan poco conocidos del debate y la lucha de grandes sectores de la sociedad rusa son importantes porque nos permiten comprender de qué manera la guerra informativa y psicológica es parte de la guerra global contra la humanidad y contra la posibilidad de crear alternativas diferentes a las que la enfermedad capitalista conduce.

Por algo y con mucha claridad teórica y práctica nuestro Che decía siempre que la tarea revolucionaria más importante es la creación del Hombre Nuevo, sin separar jamás la practica revolucionaria de la construcción de una nueva subjetividad y del crecimiento de la conciencia colectiva. Y esto es lo que le ha permitido a Cuba ser invencible, desarrollarse y crear una conciencia solidaria, internacionalista y antiimperialista que se transmite de generación en generación, a pesar del bloqueo y de las muchas dificultades materiales y sabotajes que ha sufrido a lo largo de su historia revolucionaria.

Hay datos insoslayables sobre la educación y la protección de la mujer y del niño,  sobre la igualdad de la mujer, sobre la educación en valores de igualdad, que han sido reconocidas por instituciones y expertos internacionales, incluso por aquellos que no son nada afines a Cuba. [1]

Sin embargo la prensa internacional jamás hablará de estos logros sociales y humanos en Cuba. Dirán que en Cuba no hay libertad, porque la libertad occidental es sólo libertad para vender la fuerza de trabajo sin límite, libertad para aceptar  leyes laborales que protegen a los empresarios y condenan al trabajador a sueldos de miseria que se justifican por la crisis. Libertad para ser explotado y consumir o engrosar la lista inmensa de los marginados destinados a ser exterminados bajo las potentes luces del supermercado-ciudad.

Volviendo a Rusia, desde el momento de su incorporación al consejo de Europa (que  fue como la incorporación de un conejo al estomago del lobo) surgieron gran cantidad de “expertos” e institutos para demonizar la familia y conseguir imponer leyes supuestamente de protección, que son leyes ultra liberales pactadas con Europa. Estas leyes manipulan el derecho a la igualdad que todo ser humano tiene -sea del sexo que sea- y que están claramente definidos en la constitución rusa. Manipulan a los movimientos feministas (no olvidemos que las Femen fueron creadas en Ucrania en momentos en los que se asesinaba a mansalva a la población para imponer un gobierno fascista)  a los movimientos de derechos de las minorías (insistiendo en la natural “homofobia” rusa, cuando existen leyes claras sobre el tema y no hay ningún tipo de persecución, tal como declaró el representante del movimiento gay en Moscú) a los que luchan contra la violencia de género (usando falsas estadísticas para demostrar que las mujeres rusas son asesinadas todos los días). Y lo fundamental:  manipulan la protección a la infancia, que es víctima de la trata y explotación. La mafia y las elites pretenden restringir el derecho de los padres biológicos y han creado un sistema de padres de adopción –funcionarios de servicios sociales que reciben sueldos por apropiarse de los niños en contra de la voluntad familiar – aceitando un sistema atroz de apropiación de niños…

Pero desgraciadamente sabemos bien que en Europa ya hace mucho tiempo se usa  el cuerpo humano mismo como mercancía, especialmente el de la mujer y el de los niños y niñas. Cada día se habla de acoso, de bulling, de violencia doméstica, de crímenes contra la infancia, de pederastia, como si fueran males autónomos o casuales  y no el resultado de la decadencia y de la enfermedad social de esta sociedad capitalista.

Caminas por cualquier ciudad y los carteles de publicidad son explícitos: venden y usan el sexo para manipular el deseo más primitivo e inconsciente del ser humano. Muros luminosos muestran culos adolescentes o infantiles para vender ropa, perfumes, relojes, coches, etc. Hay esa “libertad”: la que vende y la que compra. La propaganda está perfectamente estudiada y programada para formar y deformar la conciencia. Es el “huevo de la serpiente” actual.

No se trata en ningún caso de proteger a la infancia y menos aún los derechos de las mujeres, ni la diversidad, ni la Libertad, imposible sin una igualdad social real.

Pero el capitalismo cree que esta libertad condicional es la única libertad posible.

Y en esa libertad condicional y condicionada anida el huevo del fascismo.

 

[1] La legislación cubana respecto a la defensa de los derechos de las mujeres es amplia, leyes de aborto, educación sexual y divorcio, los hijos de madres trabajadoras y solteras tienen prioridad en los círculos infantiles(guarderías). El permiso de licencia es de seis meses con salario completo y puede extenderse seis meses más con un 60% del sueldo, con la  opción de que sea tomado por la madre o el padre. Ninguna cubana puede ser despedida a causa de su embarazo ni perder su cargo tras el permiso. Es delito el ultraje sexual, que incluye el acoso, y el ser cónyuge se convierte en un agravante para el agresor. El ejercicio individual de la prostitución no está castigado, pero existen leyes contra quienes la explotan: el proxenetismo y la trata de personas se castigan con penas de hasta 30 años de prisión. Servir de intermediario, facilitar el transporte o alquilar la casa para clientes y prostitutas puede terminar con condenas de cárcel y decomiso de vehículos y viviendas.

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