Los atractivos de La Habana – Callejón de Hamel: Calle de todos

Como un adelanto de lo que espera una vez atravesada, la entrada principal del Callejón, por la calle Aramburu, invita a pasar al cubano, al extranjero, a todos los curiosos. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Como un adelanto de lo que espera una vez atravesada, la entrada principal del Callejón, por la calle Aramburu, invita a pasar al cubano, al extranjero, a todos los curiosos. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

La rumba vive en ella. La siente. Basta el leve toque de un tambor para romper su inercia. Tairumi no conoce de escuelas de arte ni de técnicas, “porque este ritmo es libertad y soltura”.

Son las dos de la tarde y desprende una vitalidad y energía impresionantes, como si las horas de baile no surtieran efecto. Cuando toca su turno parece que la verdadera deidad orisha se apodera de su cuerpo. Los que conversan o deambulan dejan de hacerlo de inmediato y los que ya la conocen empiezan a vitorear pues verla, al decir de uno de los vecinos, “no es cosa fácil”.

Tairumi tiene 29 años y lleva ocho participando como bailarina en el proyecto cultural comunitario Callejón de Hamel, insertado en el barrio Cayo Hueso, muy cerca del bullicio de San Lázaro e Infanta, en La Habana. Más allá de las coloridas pinturas en los edificios, las frases escritas en piedra y los pequeños rituales, el baile ocupa un lugar especial en este espacio que rescata la cultura afrocubana.

Aún vestida de azul intenso y visiblemente agitada por la actuación anterior, nos cuenta que su primera visita al Callejón fue un domingo de rumba. “Me quedé impresionada con lo que hacían las muchachas de la agrupación Rumba Morena, supe desde ese momento que quería estar allí, quería bailar como ellas lo hacían”.

A pesar de haber formado parte de otros grupos de baile, Tairumi no conocía la rumba. Sin temor, recuerda que entró muy amarrada, pendiente siempre al paso cada vez que salía al escenario, sin saber tocar una clave ni un tambor. “Aquí me hice rumbera, he crecido artísticamente y ganado experiencia. Me encanta la interacción que hay entre el arte, la religión y los vecinos de esta localidad”.

Detrás de toda obra, una historia

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Hablar del Callejón de Hamel también significa referirse al escultor y muralista cubano Salvador González Escalona, encargado de difundir en este pequeño espacio la rica herencia cultural legada por lo negros esclavos.

El artista cuenta que todo comenzó cuando uno de los vecinos del Callejón le pidió que pintara la fachada de su casa y, al ver el estado de las demás, las tomó como lienzo para plasmar su arte.

Así, el 21 de abril de 1990, nacía el proyecto cultural comunitario Callejón de Hamel. “Antes de entrar en este mundo de la pintura mural tuve una experiencia efímera en la Escuela de Dibujo de Camagüey, había hecho investigaciones de terreno y algunos posgrados de antropología y etnología en la Casa de África, explica el creador.

Sin embargo, la idea era quizás un tanto atrevida para su época. Salvador comenta que ese mundo mítico de la religión africana tenía un poco de cuestionamiento en aquel momento y entonces resultó difícil materializarlo. “No existía ningún proselitismo religioso, sino simplemente la acción de hacer una obra mural, de carácter didáctico, que correspondiera a la esencia de la cultura cubana. Quería contribuir con mi obra a la información porque lamentablemente no se hablaba mucho del tema. Empecé entonces a trabajar y a afrontar lo que viniera”.

Sobre el origen del nombre, refiere que nació de un señor de origen franco-alemán, Fernando Belleau Hamel, quien a principios de siglo XX encayó su embarcación entre las costas de Pinar del Río y La Habana y, más tarde, compró este pedazo de calle. Aquí puso en marcha un negocio de materia prima y fundición y ofreció trabajo a numerosa población negra y china, incluso construyó casas para que vivieran. Así, el lugar pasó a ser recordado como el Callejón de Hamel.

Tras contar que casualmente el señor adquirió el terreno de un español llamado Salvador, el artista expresa con toda seguridad: “no pienso que yo elegí este espacio, este espacio me eligió a mí”.

Hoy el Callejón es referente importante de la cultura cubana, no solo para los nativos de la Isla sino para los turistas que lo visitan diariamente. “Es el primer complejo de murales y esculturas inspirados en las diferentes manifestaciones religiosas que se practican en el país”, afirma el historiador Elías Aseff, promotor cultural del proyecto.

Aseff agrega que, según la terminología del Ministerio de Cultura de Cuba, ya esta obra constituye una Acción Cultural Relevante, al tener 26 años de creada.

Mas, no todo es pintura y escultura en Hamel. Los fines de semana la rumba y los tambores toman el protagonismo. Vecinos y foráneos se adueñan del lugar para disfrutar de una mañana diferente a ritmo afrocubano.

Al decir de Salvador, cuando comenzó a pintar los murales, un amigo lo impulsó a que la rumba también tuviera un lugar por su cercanía con el concepto del proyecto. “Él me dijo que por qué no hacía la rumba aquí”. Empecé entonces a trabajar con el grupo Clave y Guaguancó, Los muñequitos de Matanzas, Rumba Tá, que participaban en las peñas del domingo”.

Más que un oasis de color

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Las transformaciones que ha tenido la comunidad han sido financiadas con los ingresos de la venta de la obra de Salvador. La idea cambió el entorno de un barrio caracterizado por el deterioro habitacional, la baja escolaridad de sus habitantes y el predomino de familias disfuncionales, según recoge la investigación sobre el proyecto de Gabriela Otaño Cesar en opción al título de Licenciado en Comunicación Social.

Hugo González, profesor de pintura en los talleres para niños, reconoce que el barrio de Cayo Hueso tiene una serie de condiciones sociohistóricas que hacen a veces difíciles las vivencias de sus habitantes y asegura que esta acción ha llegado para embellecer la vida de los vecinos de la zona.

El proyecto ha impulsado, entre todos los miembros de la comunidad, una política de colaboración. “Vivo a dos cuadras de aquí, una vez ayudé a cargar una bañadera y me quedé. Soy músico, pero también he trabajado en carpintería, albañilería”, afirma uno de los vecinos.

Otros alegan que muchas veces pintan, colocan sillas, ayudan con el audio para las actividades y que encuentran en el lugar una forma de entretenimiento. “Este proyecto ha ofrecido trabajo a varios muchachos jóvenes, así como a personas retiradas. Los niños también han aprendido de la música, la pintura, la cultura afrocubana”, comenta otro de los nativos.

Asimismo, algunos han tenido en el Callejón una segunda oportunidad. “Personas con antecedentes penales se han reinsertado a la sociedad a través de nosotros, pues trabajan aquí y han participado en cursos. Actualmente son fundamentales porque se ocupan de disímiles tareas”, explica el promotor Elías.

Todas las actividades que nacen del proyecto están encaminadas a difundir la cultura de origen africano. Una de las más conocidas es la Peña de la Rumba que tiene lugar los domingos desde las 12:00 del mediodía hasta las 3:00 de la tarde y permite que los amantes de este género puedan disfrutarlo sin costo alguno.

“Los grupos que participan ya llevan años trabajando con nosotros, son rumberos de la localidad y de forma gratuita hacen su música. Normalmente tenemos como anfitrión al grupo Rumba Morena”, alega la directora del proyecto, Jaqueline González.

Este conjunto de mujeres encarna por varias horas las más auténticas características de las deidades africanas y rescatan una rumba antes marginada pero hoy ya declarada Patrimonio de la Humanidad. “Mi desempeño como bailarina es empírico, mi verdadera formación es en enfermería, pero el baile es lo que me gusta”, expresa una de las integrantes de Rumba Morena.

Salvador rememora también las conferencias con antropólogos que han tenido como plaza al Callejón. “Aquí ha venido Jesús Guanche, Lázara Menéndez. El público está ávido de conocer cosas que son interesantes desde el punto de vista científico dentro de la religión”.

El trabajo con los niños es otro de los principales atractivos del proyecto. Además de adquirir nuevos conocimientos, los infantes mejoran sus habilidades manuales, entablan amistad y emplean mejor el tiempo libre.

Al respecto, el profesor Hugo González comenta: “yo les doy clases de los primeros pasos de las técnicas del grabado. Es muy gratificante cuando avanzamos en los talleres y vemos que los niños empiezan a crear sus propias obras, muchas de ellas relacionadas con las tradiciones afrocubanas. También existen otros cursos de verano en los cuales aprenden a bailar y pintar”.

El maestro dice una última afirmación y esta parece ser compartida por el resto de los vecinos. “Ojalá que otras comunidades siguieran nuestros pasos, porque realmente aquí se ha visto el fruto, algunos han salido de los talleres y se han vinculado a la pintura”.

Esta labor con los niños ha sobrepasado las fronteras espaciales del Callejón para integrar a la escuela primaria colindante. La fachada de la institución luce alegre y colorida gracias a pinturas acompañadas de frases de José Martí y Antoine de Saint-Exupéry.

Asimismo, en los turnos correspondientes a la asignatura de Educación Laboral, si lo planifican, los alumnos pueden recibir clases con los profesores de pintura y cerámica del Callejón y utilizar los materiales del proyecto. También algunos grupos asisten a conferencias planificadas.

Claudia Domínguez, estudiante de sexto grado, dice que ha conocido las características fundamentales de la religión afrocubana a partir de estos intercambios. “Desconocía la cultura africana, pues en mi casa no se practica, y venir aquí ha hecho que me interese por este tipo de temas. Algunos domingos asistimos a la peña y nos inscribimos para el próximo curso de pintura”.

El historiador Elías asegura que si bien el proyecto comunitario está bastante consolidado deben incrementarse un poco más las actividades. Recuerda un taller de teatro que años atrás fue bien acogido por parte de la población y, tras concluir, muchos quedaron cautivados por esta manifestación artística.

Entre los planes futuros se encuentra la construcción de un espacio físico mucho mayor. Se trata del parque Excilia Saldaña, en homenaje a la gran poetisa y escritora cubana. El área será centro de talleres de pintura, escultura y cerámica destinados a los niños, además de fungir como escenario para actividades de otras instituciones.

Lugar exótico para foráneos

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Varios sitios dedicados a la promoción de lugares turísticos sitúan a este Callejón como un destino obligado para aquellos visitantes interesados en la cultura afrocubana.

Según la directora, aunque no existe un contrato formal con ninguna agencia turística cubana, el proyecto es muy visitado por extranjeros de distintas partes del mundo. “Tenemos gran afluencia de turismo, el que viene a La Habana y escucha del lugar de una manera u otra, nos visita”.

Pero, ¿a qué se debe que este paraje sea tan visitado por personas de otras tierras? Por un lado, cabe indicar su situación geográfica: está próxima al malecón y al Barrio Chino habaneros, sitios emblemáticos.

Además, resultan atractivas las manifestaciones artísticas que allí convergen: pinturas, esculturas, murales, música folclórica. “Los ritmos que aquí se escuchan son muy distintos a los que estoy acostumbrado, pero creo que son interesantes, suenan muy cubanos”, comenta un visitante de Argentina.

Por otra parte, lo exótico de las actividades que se realizan: los simulacros de ritos de religiones como el Palo Monte, la Regla de Osha, así como alegorías a la Sociedad Secreta Abakuá, influyen en la curiosidad de los extranjeros por conocer Hamel.

Estas prácticas litúrgicas no son usuales en cualquier parte del mundo, en el caso de la Sociedad Secreta Abakuá, sus manifestaciones más genuinas solo se encuentran en Cuba, ni siquiera en África, según el doctor en Ciencias de la Comunicación Ramón Torres Zayas.

“Es la primera vez que visito Cuba y no me arrepiento de haber llegado hasta aquí. El proyecto me parece bonito en general, el tema de la santería es para mí espectacular y me interesa mucho”, expresa un espectador foráneo.

No obstante, puede suceder que para algunos resulten indiferentes los elementos de una cultura que desconocen. “Yo no sé sobre santería, los símbolos no significan nada para mí, no reconozco muchas imágenes. Tengo una mezcla de sentimientos sobre este lugar”, admite un visitante de Estados Unidos.

La concurrencia del turismo internacional a gran escala resulta enriquecedora para el proyecto y la comunidad donde se inserta a la hora de intercambiar experiencias con otras culturas. Basta visitar la peña dedicada a la rumba para presenciar cómo los que vienen de otras tierras se insertan con los bailarines y tratan de aprender un paso que “solo el cubano lleva en la sangre”.

También el callejón ha sido escenario de actuación para grupos puertorriqueños y norteamericanos, además de recibir a músicos extranjeros como Jimmy Page, guitarrista de Led Zeppelin y el baterista de Bob Marley.

Más allá de los beneficios del intercambio cultural que se gesta en Hamel, hay que tener en cuenta algunas problemáticas que pueden acarrear. Entre ellas, la constante exhibición de productos culturales y actividades litúrgicas que provoca la banalización y mercantilización de los genuinos valores identitarios.

Al respecto, la comunicadora Gabriela Otaño señala en su investigación de licenciatura que a la postre pudiera estereotiparse la cultura cubana y, con esto, ocasionar “decepción o frustración por parte de los turistas” cuando las propuestas no respondan a sus expectativas.

Por otro lado, la afluencia de viajeros internacionales resulta beneficiosa para no pocos vecinos del barrio que hallan en Hamel una fuente de ingresos. En este sentido, un artesano de la comunidad destacó que esa masa de turistas deviene una clientela que adquiere productos artesanales de producción local para llevar como souvenires.

Aunque la relación del proyecto con el turismo puede ser positiva, no debe perderse de vista el enfoque comunitario que este tiene originalmente. De acuerdo con la investigadora, hay que cuidar que el Callejón no incline la balanza hacia propuestas lúdicas marcadas por una tendencia a explotar los códigos de la cultura afrocubana bajo afeites turísticos.

Salvador alega que cuando surgió la idea no hubo interés en su posible aceptación por parte del turismo, era una acción para sentirse bien consigo mismo, con la comunidad y con las tradiciones afrocubanas.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Son las tres y cinco. Tairumi se despide. Junto a las muchachas de Rumba Morena se quita el maquillaje y su cuerpo se desprende momentáneamente del papel que minutos atrás encarnaba. Algunos vecinos recogen las sillas. Los músicos guardan los tambores batá, chekerés y guayos con los que pusieron al público a bailar. Parece que terminó la actividad, aunque en realidad solo sea una larga pausa que concluye el próximo domingo.

Mas, aun sin música, el callejón no deja de latir. Siempre habrá movimiento y gente que lo visite, porque es un espacio que invita a todos. Ya lo dice una de las frases que abren sus puertas: “No es mi calle, no es calle de nadie, es nuestra calle”.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

Callejón de Hamel. Foto: Karla Castillo Moré/ Cubadebate.

La voz del Callejón de Hamel

Descubre el Callejón de Hamel por dentro

 

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