Venezuela – El declive (momentáneo) de la escalada violenta en Mérida: esquema y referencias

Tomado de MISION VERDAD

Mérida es un estado del occidente de Venezuela de especial interés para las acciones violentas insurreccionales que ha ejecutado el antichavismo. Ha sido así durante el año 2014 y también en 2017.

 

Como una vez lo señalara en entrevista exclusiva para Misión Verdad el gobernador de esta entidad Alexis Ramírez, “Mérida es zona de ensayos de actos de desestabilización”. Esto a partir de la premisa de que muchos eventos de acción paramilitar antichavista en etapa germinal, tuvieron lugar en este estado y luego se replicaron con variantes en otras ciudades de Venezuela.

La ciudad de Mérida es una meseta con alta densidad poblacional, pocas posibilidades de expansión urbana, con gran parte de sus edificaciones con relativa altura y rodeada en dos flancos por dos cordilleras montañosas, y a las cuales se acceden por dos gargantas (norte y sur).

Es, en cierta manera, una ciudad fácil de sitiar desde adentro. Así lo entendieron quienes en estas escaladas han generado impactos significativos paralizando parcialmente este eje metropolitano del cual también forma parte la ciudad de Ejido.

Advenimiento de la violencia

Si bien el incremento de acciones violentas convocadas por la MUD en el territorio nacional tuvo su advenimiento hace poco más de 60 días, en Mérida el cuadro violento tiene casi ya 90 días en apogeo. Las movilizaciones tanto pacíficas como violentas de la oposición han tenido un desarrollo asociado a la fuerte presencia opositora en la capital de Mérida, con casi un 70% del electorado identificado con las fuerzas partidistas de la MUD, especialmente Voluntad Popular y Primero Justicia.

Esto ha significado la reproducción de movilizaciones que luego desembocan en la confrontación agresiva, el cierre de calles y avenidas principales por barricadas, daños a la propiedad pública y privada, ataques articulados contra instancias estadales (y estatales), y emboscadas con armas de fuego, las cuales han traído el fatal resultado de tres muertes en fecha reciente, donde las víctimas, Jesús Sulbaran, Luis Alberto Márquez y Anderson Enrique Dugarte, estaban identificadas y eran militantes activos del chavismo.

Las muertes se produjeron en dos circunstancias similares, aunque en fechas diferentes, por tiros francos a los cráneos de las víctimas desde “nidos” ubicados en edificios de las residencias ubicadas en la avenida Cardenal Quintero, una zona del casco urbano central donde con reincidencia ocurren disturbios antichavistas.

Esta es una ciudad susceptible a la fuerte agitación antichavista. Las movilizaciones y reproducción del cuadro violento ha sido de alto apoyo y alto impacto durante 2017.

En varias convocatorias realizadas por la MUD la movilidad urbana se redujo dramáticamente durante días consecutivos a consecuencia de trancas, plantones, obstáculos en vías y barricadas, consolidándose “archipiélagos” o espacios violentos que en varios ejes intraurbanos virtualmente han logrado paralizar y confinar urbanizaciones y avenidas enteras, como las avenidas Las Américas, Andrés Bello y Los Próceres, dejando tras barricadas sostenidas e intermitentes a decenas de miles que habitan urbanizaciones sitiadas.

Las consecuencias han sido notorias: paralización parcial o total de los servicios de transporte, cierre del comercio (y pérdidas), afectaciones severas a la movilidad vehicular, cierre de instalaciones públicas, cierre de instituciones educativas, caos en el tráfico en las zonas sin guarimbas, proliferación de delitos y pillaje, escaramuzas violentas, disturbios y una sensación de “toque de queda” no oficial impuesto por los violentos, quienes al lograr someter a parcialidad la ciudad inhiben el desarrollo de gran parte de las actividades regulares y cotidianas de los habitantes.

El declive (momentáneo) de la escalada

Pero durante los últimos 15 días ha sido claramente apreciable un declive indiscutido de la escalada violenta en Mérida. Las movilizaciones “pacíficas” no convocan a los niveles de hace un mes, si acaso, la convocatoria logra movilizar entre 20% y 30% de la población que antes movilizaban.

Las barricadas, trancas y plantones “espontáneos” han declinado. Los focos de enfrentamiento violento con las fuerzas públicas se han reducido a reductos duros (como el de la avenida Las Américas y la intersección Yuan Lin), con ocurrencia intermitente y con una debilidad notoria. Los grupos de manifestantes que cierran el tráfico en esquinas e intersecciones han disminuido.

¿Ha ocurrido un desgaste en la convocatoria antichavista y en su planteamiento violento? Al menos momentáneamente sí. Sin duda alguna. Pero, ¿a qué se debe?

Sobre el debilitamiento de las movilizaciones a marchas y concentraciones hay que sopesar varios factores:

  • La MUD, que convocaba en Mérida a diario a movilizaciones, trancazos y marchas, confinaron a sus seguidores a rutinas de protesta sostenida desgastante, en consecuencia, muchos han intentado recuperar un sentido de normalidad volviendo con dificultades de movilidad a sus actividades.
  • Luego de casi cuatro meses de paralización de actividades académicas en la Universidad de Los Andes (ULA, un reducto clave operativo), los estudiantes temen la pérdida del semestre y muchos de ellos (provenientes de otros estados del país) se han marchado de la ciudad.
  • El comercio se ha resistido al continuo cierre de vías que impone el cierre de negocios, dicen que en las condiciones actuales de la economía no aguantarían más pérdidas. Producto de las duras guarimbas de 2014, en muchas urbanizaciones temen el confinamiento y el encierro tras barricadas, incluso hay vecinos que han abandonado temporalmente sus lugares de residencia para no quedar atrapados.
  • Han proliferado actores del hampa cooptados para las barricadas y estos irregulares han sometido a los habitantes de las urbanizaciones con la intimidación y cobro de peajes “para financiar la resistencia”. La gente comenzó a sentir el deterioro de su rutina y declinó su apoyo al cierre de calles y paralización del tráfico. En definitiva, el cansancio y hastío del ciclo violento comenzó a sentirse.

Pero hay un factor claramente determinante, pero no tan sobresaliente y que puede explicar el descenso (llamémoslo por ahora momentáneo) del cuadro violento. El 15 de mayo fue detenido en las residencias Cardenal Quintero el mal llamado dirigente estudiantil Carlos Ramírez, alias “Pancho”, integrante del Movimiento 13 (frente “estudiantil” aglutinante de diversos operadores de la violencia).

Fuertemente vinculado con Vilca Fernández y la diputada Gaby Arellano, “Pancho” era un actor clave en la articulación y cooptación de elementos paramilitarizados que habían perpetrado actos de violencia dosificada en Mérida.

A sólo horas de haber sido detenido, alias “Pancho” presumiblemente habría revelado información clave de contactos articulados en la escalada. Datos extraídos desde su teléfono por los servicios de inteligencia sugieren haber dado cuenta de otros operadores en el terreno, que han cooptado y contratado a otros asalariados de segundo nivel que también han participado en las arremetidas, entiéndase: estudiantes y jóvenes integrantes del hampa común que se apostaron en barricadas para confrontar a los cuerpos policiales y contra la población.

Desde la detención de “Pancho”, el Movimiento 13 comenzó a colocarlo como un “preso político” realizando acciones de repudio a la detención, aunque, según el gobernador de Mérida, este habría sido detenido también por su presunta participación en los homicidios perpetrados en la Cardenal Quintero.

Lo que vale la pena señalar es que desde el 15 de mayo se aceleró una caída en la presentación violenta del antichavismo en las calles de Mérida, probablemente por la desarticulación táctica de la red de financiamiento y apoyo logístico a los irregulares.

Necesario es reconocer en este contexto el desarrollo de la “Operación Tun-Tun”, nombre con el que se denomina en el ámbito público al conjunto de actividades realizadas por el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), basado en la búsqueda y captura de actores claves en la planificación y ejecución de actos violentos en el terreno.

El 26 de marzo, el gobernador de la entidad anunció que de acuerdo a la acción selectiva y quirúrgica de estos operativos se habrían efectuado más de 30 allanamientos en el estado, incluyendo municipios del interior donde se había producido el cierre de vías por elementos armados y que son sensibles por tratarse de rutas claves en el suministro de alimentos de producción regional.

La estrategia de los órganos de seguridad venezolanos apunta al desmantelamiento riguroso y, en cierta medida silencioso, de redes que se encuentran claramente moduladas para camuflar actos de insurrección armada paramilitarizada como protestas violentas.

El 17 de mayo Diosdado Cabello señaló el inicio de la “Operación Tun-Tun” contra importadores y facilitadores de bienes de apoyo logístico a los actores violentos, una red de financiamiento y apoyo que se extendía hasta puertas afuera de Venezuela.

No podría hablarse todavía de una victoria definitiva de la paz en Mérida. Lo que sí es evidente son unas señales (momentáneas) de desgaste del cuadro de desestabilización, confrontación y saldo violento en este estado, que está signado desde varios factores transversales: a más de dos meses de violencia antichavista a escala nacional, comienza a sentirse la mella en los sectores promotores y seguidores del conflicto, mientras, por otro lado, los órganos de seguridad del Estado desarrollan un profundo y quirúrgico proceso de desmantelamiento de las células paramilitarizadas inhabilitando o deteriorando el apresto operativo de los factores del caos y el saldo de sangre.

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