Venezuela – La vez que quisieron destruir Timotes

Tomado de MISION VERDAD

 

Si en algún lugar hubo paro general y pacífico de verdad-verdad fue en Timotes, en un recodo merideño que ya es casi trujillano. Cinco días estuvieron los habitantes soportando un brusco cierre de negocios y de vías públicas. Los terratenientes, escondidos detrás del rótulo “agricultores”, ordenaron parar la producción y amenazaron con tomar medidas drásticas contra el que violentara esa decisión. En el pueblo circuló un papelito amenazante, copia fiel del que han repartido en varias ciudades: “Negocio que abra, negocio que será destruido”, etcétera.

Por Timotes pasa la única carretera nacional que comunica a Trujillo con Mérida por el páramo, así que por cinco días la gente tenía que dar el vueltón por Boconó-Portuguesa-Barinas si quería llegar al estado vecino. En consecuencia, en Timotes languideció la barricada más aburrida e inútil de toda Venezuela, porque ahí no se lanzó ni una lacrimógena, ni un tirito o pedrada, ni un insulto, ni un estornudo ni nada, qué ladilla.

Hay en Timotes un comando de la Guardia con cinco efectivos que se han hecho panas de todo el mundo, se pasan el día viendo televisión, y el jueves, que se fue la luz, entonces se pusieron fue a jugar cartas.

Lo interesante, gracioso o insólito del caso Timotes es que, en sucesivas asambleas, los coñoemadritos de los partidos que les rinden cuentas a sus jefes nacionales han convencido a todos en el pueblo de que mantener el paro ahí es importantísimo, porque “si no salen verduras y hortalizas de Timotes, Caracas se queda sin comida”. Pero lo que ocurrió en la vida real fue que el pueblo de Timotes se estaba quedando sin comida y la población comenzó a arrecharse, pero no contra el Gobierno sino contra los promotores del “paro”.

Contra los planes del fascismo local y nacional, no hubo en Timotes ni incendios ni eso que los escuálidos llaman “represión”. Las barricadas más aburridas y pajúas del país fueron levantadas el sábado 27, luego de una asamblea en la que participó, entre mucha otra gente, el alcalde del municipio. En vista de lo insostenible e inverosímil que resultaba forzar a los habitantes de ese hermoso pueblo a copiar la conducta delincuencial que se ha desatado en otros lugares dizque para sacar a Maduro de la presidencia, los habitantes aprovecharon la asamblea para solicitar las cosas que realmente les molestan: deterioro de la vía, canalización de un río que se ha desbordado varias veces, etcétera.

Aquí, la forma civilizada y pacífica en que finalizó este intento por destruir la armonía de una población.

En Timotes, como en la mayoría de la geografía nacional, no ha ocurrido lo que se engulle de manera propagandística hacia fuera: una guerra campal como acto de “rebeldía” contra el Gobierno. Mientras tanto.

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