Yanquis en Afganistán: ¡Y siguen llegando!

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
Por estos días en que contingentes de soldados norteamericanos han sido vistos en zonas fronterizas sirias, llegados desde Iraq, aviones de transporte trajeron más elementos de la indeseable carga a Kabul.

Por estos días en que contingentes de soldados norteamericanos han sido vistos en zonas fronterizas sirias, llegados desde Iraq, aviones de transporte trajeron más elementos de la indeseable carga a Kabul, tras lo cual fueron desperdigados en búnkeres, bases y zonas de Afganistán fronterizas con Paquistán.

Todo forma parte del acuerdo que Washington impuso a Kabul para mantener tropas allí hasta el 2024 por lo menos, concertado luego de los repetidos y fallidos anuncios de Barack Obama de que no quedaría nadie del contingente militar al poco tiempo de que asumiera la presidencia.

Lo cierto es que Estados Unidos ha hecho casi todo para eliminar la resistencia afgana, surgida tras la agresión e invasión a uno de los países más pobres del mundo en el 2001, como inicio de la farsa montada por el entonces gobierno de George W. Bush de combatir al terrorismo y vengar los atentados del 11 de septiembre de ese año a las Torres Gemelas neoyorquinas y el Pentágono, nunca realmente esclarecidos.

Desde entonces ha llovido mucho, con sucesivas agresiones en otras naciones, pero en lo que a Afganistán respecta nada ha podido el invasor para terminar con la lucha popular.

Sí, porque la propia represión ha provocado más resistencia y apoyo a entes que pueden gustarnos o no, pero surgen precisamente del caldo de cultivo que produce el asesinato de decenas de miles de civiles víctimas de bombardeos a lo largo y ancho del país, y una política de tierra arrasada que solo podría granjearse la aceptación de los más abyectos.

Todos recordamos los diversos experimentos ensayados contra Afganistán, incluso ataques químicos y con bombas de racimo, hasta la más reciente “madre de todas las bombas”, de más de nueve toneladas, contra una zona montañosa y que, según el Talibán y la organización Al Qaeda, no causaron ni una baja entre sus filas.

Además, ya es notoria la entrada de unos 3 000 terroristas del Estado Islámico a territorio afgano para colaborar en el combate contra las anteriores organizaciones rivales a Estados Unidos.

Por eso no debe extrañar la intensificación de los atentados suicidas y los ataques a bases de fuerzas locales y enclaves militares norteamericanos.

Es decir, 16 años después de iniciada la agresión de Estados Unidos a Afganistán, teniendo como principal objetivo aparente “la lucha contra el terrorismo”, eso presuntos terroristas cobran cada vez más fuerza en el país y el futuro se presenta incierto.

Si, incierto para el sufrido pueblo afgano, porque además de la reconocida cifra de 12 500 militares norteamericanos que aún permanecen allí, se le debe sumar miles más que no tiene control mediático, con personal especializado en lo peor que el lector pueda imaginar.

Y lo peor es que siguen llegando.

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