Los vientos de Trump hacia Cuba. Notas en una servilleta – #CubaEsNuestra

Por Rafael Hernández/La pupila insomne

La nueva política de Trump hacia Cuba ha tenido más pronósticos que una perturbación en el Caribe.

Muchos se espantaban porque sus vientos recurvaran, volviendo al 16 de diciembre de 2014, y arrasaran los acuerdos con Obama.  Los furiosos de Miami anunciaban una ola que nos devolvería a la era del hielo de G.W. Bush, y a la lista negra de países terroristas. La mayoría de los comentaristas del clima político se repartían entre pesimistas y muy pesimistas.

Para minorías como la mía, que Trump pudiera anular la directiva de Obama y prohibir licencias comerciales con empresas del GAE, además de seguir con su bulla sobre derechos humanos y libertades, estaba cantado. Resultaba improbable, sin embargo, que, por sus propios intereses, trancara la cooperación en seguridad nacional, los viajes o licencias, como las otorgadas a aerolíneas comerciales, y otras más (ver entrevista con Fabiola López, Telesur, 12 de junio).

Ahora que la perturbación salió del mar y entró en tierra, podemos medir hasta dónde penetró el agua. En materia de visitas, se ha retrocedido, pero no a 2014, sino a 2015-2016, cuando para venir people to people había que hacerlo en grupo. Las empresas FAR y MININT fueron puestas en una lista negra. Se anuló aquel documento de Obama “Directiva presidencial hacia Cuba”. Sobre derechos humanos y bloqueo, estamos donde ya sabíamos.

La mayoría de los 22 acuerdos firmados sigue en pie. Ninguna cooperación  en seguridad, embajadas, reglas para remesas, viajes sin cantidad límite a cubano-americanos y americanos, fin de pies secos-pies mojados, conversaciones sobre migración, medio ambiente, y otros temas, licencias para comerciar con sector no estatal cubano, intercambios académicos y culturales –nada de eso alcanzado con Obama ha sido destruido.

A pesar de su efecto negativo, el ruido de esta ventolera ha sido (y es) mayor que el daño real. Las razones por las que se seguirá oyendo son varias. En Miami, los furiosos la exhiben como galón en la manga, pues aunque no alcanzaron ninguna de sus metas, para sus fines locales el acto presidencial sirvió. Al gobierno cubano, le permitió actualizar posición ante esta presidencia, usando por cierto un gotero muy calibrado: rechazamos, pero no nos peleamos, seguimos dispuestos a negociar. A nuestros amigos, les propició reiterar su permanente solidaridad. A los cubanos, les recordó aquella otra cara de EEUU que no es la de un mulato sonriente. A nuestros no enemigos, partners, etc., los hizo sacudir la cabeza ante otra torpeza de este presidente, aunque no fuera la peor de todas.

Es muy temprano, quizás, para detallar daños. Si bien la marea no alcanzó los pronósticos, todavía hay incertidumbre sobre licencias para telecomunicaciones u hoteles, pruebas conjuntas a vacunas del cáncer, usos del dólar, tarjetas de crédito… Por otra parte, sin embargo, ni el freedom to travel ni el free trade se fueron al fondo del mar. El Congreso y la Corte Suprema pueden soltar cabos que los refloten. Como siempre, los intereses generan vientos políticos, que no dejan de soplar, aun detrás de un ciclón.

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