Los embates de la OEA

Resultado de imagen para almagro abatidoLuego ha habido tantos episodios desestabilizadores que ya se ha acumulado suficiente material para escribir la historia de esta infamia contra Venezuela

Estados Unidos está dirigiendo la intervención contra Venezuela. Ya no usa ni máscaras. Sin subterfugios, envía sus baterías ultrapesadas contra nuestro país. El proceso bolivariano ha estado bajo asedio desde sus inicios. El golpe de Estado del año 2002 coronó los deseos de un fascismo que ya asomaba sus dientes. Fue el bravío pueblo venezolano el que salió al frente en aquellas convulsas horas del 13 de abril para rescatar a Chávez y retornarlo al poder.

Luego ha habido tantos episodios desestabilizadores que ya se ha acumulado suficiente material para escribir la historia de esta infamia contra Venezuela. Todos se han despojado de sus caretas, Brasil con Temer, Perú con Kuczynski, Argentina con Macri; ni que decir de Colombia con Uribe y Santos; el vapuleado México con Peña Nieto, con una ristra de cruces a cuestas y la muerte rondando por doquier, entre el narcotráfico y los paramilitares, se erigen en jueces.

Los más conspicuos voceros del Pentágono, ya ni los nombres importan, hacen y dicen lo mismo, con o sin Reagan, Bush u Obama y ahora con el frenético de Trump, profieren destempladas amenazas y actúan de facto, como lo han hecho siempre. Creen que son los dueños del mundo. Mientras muchos bajan la cerviz, la patria de Bolívar se mantiene altiva y guerreando.

La Alba, la Unasur, la Celac, Petrocaribe, legado del comandante Chávez, sirven de muro de contención ante las actitudes injerencistas e intervencionistas de la derecha del continente.

La OEA está jugando un rol principalísimo en esta ópera bufa. Como un títere, su actual secretario general, el uruguayo Luis Almagro, baila al son del gobierno gringo y cumple sin desvío el papel que le asignaron. El objetivo es Venezuela y su presidente, Nicolás Maduro. Es la revolución bolivariana -según los injerencistas- “pésimo ejemplo” para los pueblos de América.

Almagro recuerda las cruzadas, lleva once campañas y también catastróficas once derrotas. Desesperado, pide que se le aplique a Venezuela la CDI. Maniobra y produce informes -unos más largos que otros- y nada. Los presenta él o por interpuesta persona, sin éxito. La diplomacia venezolana este lunes ganó de nuevo. La comunidad de países soberanos y con dignidad de nuestra América apoyó al país. Por el papelón que hace, Almagro debería renunciar.
Profesora UCV

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