Venezuela – Cuatro apuntes en torno al caso Vallenilla

Tomado de MISION VERDAD

Sobre el recurrente asedio a la Base Aérea La Carlota y las operaciones informativas que sirven de base para presentar un hecho lamentable a conveniencia.

El hecho crudo. David Vallenilla (22) murió ayer 22 de junio producto de disparos efectuados por un sargento adscrito a la Policía Aérea de la Base Aérea Francisco de Miranda, popularmente conocida como La Carlota. Según declaró su padre, los perdigonazos perforaron hígado, corazón y pulmón. Falleció a las pocas horas en la Clínica El Ávila de Altamira. Una nueva fractura familiar y otra tragedia redituable desde la cómoda distancia para algunos desde la dirección política, y en el dolor privado de las consecuencias para los deudos.

Asedio y Zona de Seguridad. Asciende el conteo a ataques a Zonas de Seguridad, decretadas así por ley. Objetivos privilegiados, junto a instancias comerciales, educativas (la base cuenta con una institución escolar) y laborales en los municipios donde se han dado dichas acciones. En el caso particular de Zonas de Seguridad, Valencia y Barquisimeto también han dado testimonio de acciones de la misma naturaleza. En el caso particular de La Carlota, la cuenta sigue en aumento y supera la decena.

Independientemente del cómo lo representan los operadores directos de la guarimba y la violencia que se concentran en operaciones de guerra urbana, organizados bajo un orden cerrado y siguiendo comandos de una cadena de mando, los dirigentes visibles del procedimiento de cambio de régimen que ya alcanza su tercer mes, en su mayoría abogados de profesión, no ignoran que este tipo de acciones tienen consecuencias legales, penales y pecuniarias, toda vez que obedecen a un protocolo de seguridad de suyo más acentuado, no obstante no haberse llevado a cabo por los cuerpos de orden público en el afán de contener excesos y propalar un nuevo estadio de violencia, tal como lo han estado buscando con estas acciones.

De hecho, es imposible que un Freddy Guevara o un Henrique Capriles ignoren la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación y lo estipulado en su articulado que va del 47 al 56. Por supuesto que el acto de desconocimiento con voluntad política tributa como otro vector que se orienta hacia el acento sobre la estrategia de la tensión.

Mirar las aristas de la tragedia de frente. Como es público, notorio y comunicacional, el responsable de disparar contra el joven Vallenilla ya se encuentra detenido “y está siendo sometido a los procesos de ley para la aplicación de Justicia”, señaló el Ministro de Interiores, Justicia y Paz desde su cuenta Twitter, lo que obedece al mismo patrón con el que ha actuado el Estado frente a los excesos que se han registrado en la contención de la violencia y el orden público.

Aún más, y refiriéndose al caso de otro joven que cayó por bala el pasado lunes 19 de junio, el presidente Nicolás Maduro pidió la apertura de una investigación a propósito del uso de armamento fuera de lo dispuesto en lo reglamentado en las situaciones de orden público, aduciendo la posibilidad de una conspiración orientada en el mismo sentido de elevar las cotas de conflicto en las zonas de enfrentamiento.

Pero fuera de las observaciones del Presidente, tal como lo recoge un trabajo de La Tabla, y como se nota en el registro audiovisual, Vallenilla (y otros) se aproximaban a la base, lanzando objetos contundentes o artefactos explosivos caseros. Lo que llama la atención es que en la misma secuencia trágica, un “escudero” más que recurre en su auxilio se aproxima al peligro justamente para recoger dicho artefacto, sugiriendo ocultamiento de evidencia.

Fuera del dolor y el estremecimiento que produce el asesinato de Vallenilla, otros elementos comienzan a aparecer dentro de la escenografía de la confrontación, y por más rechazo humano que produzca el impacto de las imágenes o los registros audiovisuales, es un imperativo la tarea de superar la conmoción y observar lo que en estos mecanismos también se encuentra inherente.

El envoltorio “cívico” se disuelve y se pasa directo a las acciones de terrorismo

¿Es en esta medida que la respuesta comunicacional de algunos portales operan bajo una lógica de blanqueo donde se esfuma el hecho objetivo de que se trata de un sostenido ataque a una base militar el lugar de los hechos? Como era de esperarse, las acciones de ayer tuvieron la envasada proyección internacional inherente a la naturaleza y estilo de estas operaciones.

¿Cuánto aumenta los decibeles del entubamiento narrativo el hecho de que los padres de la víctima fatal no ofrecieran la reacción deseada/esperada por los medios, que asumieran en un momento tan difícil una posición frente al hecho en donde distinguen entre lo ocurrido y el fondo político, manifestando, de paso, su propia posición?

Dicha complejidad a lo interno de un núcleo familiar es descriptivo de los movimientos profundos en la misma sociedad. Del mismo modo que la respuesta en redes a las declaraciones de los padres, certifican el sostenido proceso de creación de un enemigo a ultranza, al punto de condenarlos casi del mismo modo que a quien perpetró los disparos.

¿Escarceos por un salto cualitativo en la violencia? “En La Carlota estos ataques incluyeron disparos y bombas incendiarias contra la escuela primaria ubicada en su interior, con niños dentro”, dijo también el ministro Nestor Reverol, destacando además que efectivos dentro de la base también resultaron heridos producto del impacto de las bombas y presentan un “cuadro delicado“.

Tanto los enfrentamientos del 19 de junio como los de ayer 22 certifican el empleo de armas de fuego por parte de manifestantes, lo que le suma a los recursos artesanales que han estado presentes en la gran mayoría de las manifestaciones una vez que el envoltorio “cívico” que le suministra el contexto narrativo se disuelve y se pasa directo a las acciones de terrorismo.

Y en este punto es que se hace patente el peligro que pudiera comenzar a hacerse con mayor vigencia. Tómese más como hipótesis que como predicción. Pero este patrón obedece característicamente a los protocolos habituales en las “revoluciones de color” más recientes, que ahora combinan los múltiples recursos y vectores de la guerra no convencional, la guerra híbrida, forzando a situaciones donde el enfrentamiento recrudece, y la proliferación de armas de fuego va en aumento. Siria es el ejemplo quintaesencial de esto último.

Esto siempre depende, también, del modo en que se delinea el paisaje informativo, y el cómo se establece el contrapunto entre los actos y lo que los grandes aparatos comunicacionales deciden “presentar” en tanto que combina una operación de guerra como su proyección psicológica. Activistas encubiertos o infiltrados dentro de la marcha que disparan contra los organismos de seguridad pero donde solamente son registradas las respuestas de los agentes para engordar el expediente del Estado represor y desmedido.

El peligro radica en cómo el sostenimiento de estos expedientes le otorgan su propio estatuto beligerante y comienzan a inocularse las especies de la “legítima defensa”, así la versión en sí misma contravenga a la realidad de los hechos concretos, que entran a medias por el lente de la cámara.

Habrá llegado la hora de filmar preventivamente desde el otro lado para tener un archivo que le haga contrapeso a las operaciones comunicacionales y dificulte aún más los intentos por ocultar el perfil ultraviolento de estos asedios.

Hoy, viernes, 23 de junio, la Base Aérea Francisco de Miranda fue nuevamente embestida, esta vez con camiones secuestrados e incendiados.

 

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