Venezuela – Reflexiones sobre el helicóptero

Oscar Javier Forero | ALAINET 
Opinión
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Oscar Pérez: el secuestrador del helicóptero desde el que se lanzaron granadas a edificios públicos

Se encuentra en pleno desarrollo el momento de mayor cercanía al inicio de una guerra civil en Venezuela, los perros de la guerra avivan las llamas para promover que entre venezolanos nos enfrasquemos en un conflicto de impredecibles y dolorosas proporciones para la nación y para el continente.

Causa preocupación por el bien del país que seamos tan vulnerables, tan endebles, tan frágiles con nuestros sistemas y protocolos de seguridad. Lo lógico sería que tras 18 años de Revolución, con un sin fin de ataques económicos, políticos, militares, diplomáticos, mediáticos y hasta cibernéticos estemos preparados para evitar cualquier tipo de acción como este. Más cuando tenemos experiencias recientes como las de Libia donde prácticamente se inició la guerra civil y posterior invasión con la huida de aviones de combate que “escapaban” de territorio libio.

Resulta inaceptable pensar que una persona por más funcionario que sea pueda secuestrar un helicóptero de un cuerpo de seguridad del Estado en un momento de tensión en que el propio Presidente de la República ha denunciado hasta la saciedad el desarrollo de un completo y sistemático golpe de Estado con la participación de las agencias de espionaje del más feroz y poderoso imperio sobre la faz de la tierra.

Más preocupante es la situación cuando ese helicóptero sobrevuela áreas que se suponen “especiales” por la cantidad de Ministerios y demás entes gubernamentales que están en tan solo un par de manzanas, teniendo incluso el atrevimiento de pasearse plácidamente por varios minutos sin que haya respuesta inmediata alguna como en efecto debió ocurrir.

Es obligatorio en estos momentos para quienes dirigen las riendas del país, pensar que así como un funcionario de la Brigada de Acciones Especiales (BAE) del CICPC secuestra un helicóptero sobrevuela Caracas, dispara y hasta lanza granadas, el día de mañana cualquier efectivo militar pueda secuestrar un sukoi con consecuencias desastrosas para el país.

No podemos seguir pecando por confiados, ya bastante lo hemos hecho en el área económica para copiar este error. Se trata de proteger no solo el poder político sino la vida de millones de venezolanos que indiferentemente de su postura de agrado, desagrado o indiferencia hacia la gestión de gobierno, están en contra de cualquier tipo de acción violenta que se pretenda instaurar en territorio venezolano.

Evitar la guerra civil implica no solo invitar y promover el dialogo, sino neutralizar el rango de acción de los factores internos y externos que apuestan al asesinato de miles de ciudadanos para justificar intervenciones extranjeras.

Por último, mi mensaje para quienes apoyan, por acción u omisión, este tipo de locuras desenfrenadas y desesperadas, que han pasado de lo delincuencial a lo mercenario es de absoluto rechazo. Con ello solo demuestran su carácter fascista, irracional y profundamente apátrida, con ello solo demuestran que el proyecto Bolivariano es el único que puede garantizar la paz y estabilidad del país.

Que paradójico, estúpido y contradictorio sacar a relucir una pancarta pidiendo libertad mientras disparas a mansalva, lanzas granadas y siembras terror contra miles de personas y contra todo un país.

De manera irresponsable se puso en riesgo la vida de cientos de personas que trabajan y circulan por estos espacios públicos, se estuvo a punto de asesinar a civiles: Niños, jóvenes, ancianos, mujeres y hombres de la patria. Seguro estoy que dentro del Ministerio de Interior y Justicia así como dentro del Tribunal Supremo de Justicia laboran personas que no comulgan con la gestión de gobierno, de igual forma hay quienes con sus virtudes y defectos si creen en este proyecto de país, pero indiferentemente de ello son venezolanas y venezolanos que merecen gozar del derecho de vivir en paz.

La sensatez, el entendimiento, la racionalidad y la puesta en práctica de la inteligencia por parte de todas y todos, especialmente los que dirigen a las masas, le hará un bien incalculable, intangible y eterno al país y a las generaciones futuras.

 

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