La cadena de acontecimientos después de la OEA (análisis especial)

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Por Misión Verdad

Nada, absolutamente nada puede considerarse ahora como un hecho aislado. Pero la asociación automática e incuestionable entre los eventos no permitiría discriminar iniciativas, conspiraciones de distinto signo o acciones separadas entre sí, pero enmarcadas, obviamente, en el contexto general.

No obstante, es igual de cierto que los resultados concretos de las acciones que se han perpetrado sobre todo las últimas dos semanas, en tanto tales, sobre el plano de la percepción, se dibujan de forma acumulativa.

La concatenación de eventos, sobre el fondo de acciones contra el Gobierno Bolivariano y el chavismo, los unifica. Y el duro revés en la OEA de la agenda de intervención son el perfecto punto de partida.

Pero la independencia operativa de grupos y acciones es igual de válida. Oportunismos, acciones que luego pudieran derivar en una corriente unificada, en un relativo programa mínimo de procedimientos comunes, también puede ser otra baza para el juego.

La “cadena de eventos” con la que alertó el presidente Nicolás Maduro en el acto del 24 de junio en Fuerte Tiuna encuentra su propio vector de sentido a la luz de los acontecimientos. Pero al menos, para todo efecto práctico, por el momento, se pueden analizar tres movimientos en específico. Y finalmente otorgarle visión de conjunto con el trasfondo político del hoy en día.

Muñeco de torta, complejo de Rambo y operación psicológica

Por su grado de espectacularidad, por su preparación (y preocupación) estética para disfrazarlo estimulantemente de causa elevada, el caso del piloto Óscar Pérez y compañía presenta el rango de riality chou, de operación-meme, manifestando la combinación de operación psicológica (opsic) con un brutal ataque incuestionablemente terrorista.

Tanto por lo indiscriminado, como por el manifiesto carácter farandulero con el que se hizo “producto” de consumo 2.0. La babeadera erotizada de un Ramos Allup, un Daniel Colina o un Salvatore Luchesse ya describe por sí mismo los (rebajados) efectos inmediatos sobre la audiencia-objetivo. El acto mediático los dejó templados.

Las intenciones manifiestas, matar indiscriminadamente lo que fuera, sólo por algún alma estar presente en alguna de las instituciones atacadas (TSJ, Ministerio de Relaciones Interiores, Justicia y Paz), se desvanece por completo del panorama y reina la complicidad porno de una sobredosis de Directv. Un regalito incumplido para la barra brava de la muerte.

En tanto opsic, a sabiendas de lo difícil que es derribar o provocar una situación de enfrentamiento que culminara en neutralización, ningún protocolo de seguridad aceptaría llevar a tierra violentamente (impredecible) sobre una concentración poblacional de alta densidad (el centro de Caracas).

En contrapartida, es fácil especular que también apunte 1) contra la moral que apoya a las fuerzas del Gobierno (en el ámbito militar) y 2) contra la de quienes apoyan al Gobierno, que también infectados de Directv el deseo pasaba por derribarlo sin calcular las consecuencias reales. Otro golpe de efecto informativo, pero superficial.

Salta a la vista que el único dato que comparten los distintos perfiles es el bodrio fílmico en el que actuó en 2015. Una vocación a la pose y una petulancia chillona que volvería a dejar ciego a José Feliciano. Pero otro es el asunto cuando se revisa la disonancia de los distintos perfiles exprés que se le realizaron al protagonista del acto. El catire de la película.

Afirman que pertenece a la Brigada de Acciones Especiales (BAE) del Cicpc, pero que no pertenece al BAE. Por otro lado, según otras fuentes, todas desde el anonimato, lo describen como un supercomando nivel Fuerza Delta en Cine Millonario, pero por el otro como un muchacho apadrinado y con suerte. Que vivía en un Misión Vivienda y en el sureste de Caracas. Técnico en aviación o TSU en electrónica e investigaciones penales.

Los datos que no chocan entre sí de entre las distintas versiones se limitan al joliwudismo antes mencionado (algo que sugiere un desequilibrio mental pronunciado), al ser el segundo a bordo de la División de Operaciones Aéreas del organismo de seguridad, a una igual de desequilibrada labor filantrópica vía una fundación caritativa y una suerte de compañía audiovisual.

La Tabla ofrece otro dato a considerar: una compañía de servicios de seguridad privada, Seguridad Integral Arians, fundada en 2002, de la cual su madre ostenta el 10% de la inversión.

Y en esto entramos en el territorio de la negación plausible (“no podemos negar ni confirmar esa información”) formato CIA, con lo que se acerca vertiginosamente a la posibilidad de tratarse de un operador de un servicio de inteligencia extranjero. Y un mercenario, además de pésimo actor.

Por lo difuso de la identidad, pero también por los elementos concretos de la misma y por la naturaleza de esas actividades, fotopose, producción audiovisual, fundación por la cual canalizar recursos, y la guinda de la torta, servicios de seguridad privada, sugiere más que una sospecha básica.

Algo que, por más sugerente, nubla por los momentos y desde el ámbito de las fuentes abiertas la posibilidad de determinar su pertenencia, o no, a algún movimiento conspirativo en específico. Dato que seguramente se esclarecerá en su momento de acuerdo a las investigaciones.

Pero, una vez más, tampoco se le puede aislar del panorama bélico-político en el que se dan los acontecimientos. Pero la soledad del acto no produjo efecto desencadenante alguno.

Amén de esto último, el otro elemento expresivo es la disonancia en materia de control de daños, ahí donde Ramos Allup celebra pero Marco Rubio, apoyado en el Wall Street Journal, desplaza todo hacia una operación de bandera falsa del Gobierno. Aburren hasta en eso.

La amplitud de onda, la destrucción, los otros acontecimientos

Pero la profundidad de campo y la amplitud de onda que otorga aún más gravedad al cúmulo de acontecimientos ha sido la destrucción. Los saqueos y la violencia desencadenada contra Maracay, por más revestidos de “caos creativo” y falta de un presunto eje central de donde narrar los acontecimientos, no ocultan la dirección política de los mismos.

En acciones de enjambre que se prolongaron del 26 en la noche al 27 de junio, el ataque a establecimientos comerciales de mayor o menor peso, en zonas céntricas y periféricas, no excluyeron infraestructuras conocidas, públicas, notorias y comunicacionales del Gobierno nacional, regional y del PSUV.

Trasladar actores y operadores violentos de otras ciudades (restando sentido de pertenencia a la zona), y el juego en llave con hampa paramilitarizada más activistas políticos, describen una acción más bien concertada, disolvente, y como dramático suplemento que le da a Caracas un breve período de descanso de la ultraviolencia, mantiene avivado el relleno que es necesario vertir producto del vacío político (la derrota en la OEA).

En las útlimas 36 horas desde el momento de publicar este análisis, cinco personas han fallecido en distintas ciudades del país (Barquisimeto, Maracaibo, Petare -municipio Sucre del estado Miranda-, Anzoátegui y Sucre) en el marco de las protestas violentas. El móvil predominante en estos últimos decesos son tiros francos hacia personas a lo interno y alrededores de la “manifestación”, sin actores visibles e identificables, lo que al ser concatenados con los hechos de los últimos tres días sugieren un reperfilamiento de la violencia profesional como acción operativa de las actividades convocadas por la oposición.

Tal como se repite en otras ocasiones, la (infeliz) vocería visible del golpe no le quedó más papel que señalar como “colectivos del régimen” a la tropa de la operación irregular. Luis Florido, tan babeado como Ramos Allup con el piloto, contraviene la versión general y hace casi que suyo el acto de sublevación y saqueo.

Esto nos trae entonces al tercer movimiento tangible. Los llamados “trancazos” capitaneados por el pastelito de Voluntad Popular, Freddy Guevara. Como también es habitual, aquí su sobreexposición y magnificación mediática y 2.0, cuyos efectos, que no por limitados no dejan de ofrecer una acentuación irritante del clima, capitaneados por ese otro meme aspirante que son las psicosecuestradas doñas, doños y guarimberos, le dan un telón de fondo y un “contexto” de presunta legitimidad general a todo lo demás.

Y por primera vez en sus vidas, la falsa ilusión de importancia individuante.

De los tres movimientos revisados, hasta no dar con información que redondee a propósito de la primera, el segundo (saqueos y ultraviolencia) y el tercero (trancazos, etc.) sin duda están relacionados.

¿Hacia un ensayo general?

En esto de actuar y no nombrar (como es notable, esta operación, a diferencia de 2014, no tiene nombre propio y eso sin duda es un elemento pensado que le da carácter difuso), se prefiguran otros pasos. La agrupación de sindicatos Unete, una mezcla no tan contranatura de trotskismo y Voluntad Popular, comienza a hacer el llamado a una huelga general.

Y si no se ha vuelto a atestiguar otro intento de asediar la Base Aérea Francisco de Miranda (La Carlota), es porque el protagonismo la tiene ese cúmulo de militancia triste llamado “la sociedad civil”, en donde señoras inactivas las ponen a trancar una calle y cantar la zona. Y para eso están otras ciudades: la noche del 26 de junio fue atacada la sede del Comando de Zona 12 de la Guardia Nacional Bolivariana en Barquisimeto.

En la misma noche del 28 de junio, la parte baja de Caricuao (suroeste de Caracas), en los alrededores de la estación Zoológico y la UD-3, se produjeron enfrentamientos de alta intensidad entre la policía y grupos criminales. Fuentes confirmaron a Misión Verdad que el diputado Tomás Guanipa de Primero Justicia estuvo dos días antes en la zona.

Toda vez que, en el plano de los poderes, lo que ofrece un probable punto de aceleración, el TSJ fijó para el martes, 4 de julio, la primera audiencia de antejuicio de mérito contra la fiscal general, declarada en rebelión, Luisa Ortega Díaz. Acompañado de una prohibición de salida del país y congelamiento de bienes.

Mientras se acerca la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente, y el tiempo (político) achica dramáticamente para los operadores de la guerra.

Ya en este punto no es difícil de imaginar que los acontecimientos, sueltos o no, también pudieran apuntar a un proceso de orquestación y modelación para algo aún más definido como hora cero. ¿El momento cumbre de la antipolítica antinacional?

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