CUBA Y EL FESTIVAL DEL CARIBE: Hoy queman al «diablo»

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
La ceremonia es una de las más vistosas de la Fiesta del Fuego. La ceremonia es una de las más vistosas de la Fiesta del Fuego. FOTO: TOMADA DE TRABAJADORES

Este domingo concluye en Santiago de Cuba la XXXVII edición del Festival del Caribe.

Con la tradicional quema del «diablo», una de las ceremonias más vistosas del Festival del Caribe, concluye este domingo la XXXVII edición de un encuentro que Santiago de Cuba celebra cada año con toda la pasión y la hospitalidad de ese pueblo.

También conocida como la Fiesta del Fuego, la cita ha reunido este año a centenares de artistas del ámbito caribeño.

Cuando hablamos del Caribe, cuando hablamos de los pueblos y las culturas del Caribe, solemos decir: somos la misma cosa. Pero no es tan sencillo. Porque en realidad, este conjunto de naciones exhibe una extraordinaria diversidad.

Partiendo de una circunstancia significativa: no hablamos el mismo idioma. Y el idioma es uno de los puntales de una cultura.
Español, francés, inglés, creole… y otras lenguas y dialectos conforman el mosaico, muestra de los disímiles caminos que articularon las historias particulares de cada lugar.

El Caribe fue espacio de confrontación entre las grandes potencias europeas, y al mismo tiempo, escenario de mezclas y apropiaciones que no marcharon al mismo ritmo en todas partes.

Ahora bien, eso no significa que esas culturas no hayan establecido lazos, intercomunicaciones, diálogos fructíferos. No podía ser de otra manera ante la cercanía geográfica. Y las propias peripecias de la historia, los flujos migratorios, las guerras, las rutas comerciales oficiales y oficiosas, hicieron lo suyo.

Así que al final, sí, se puede hablar de una cultura caribeña, manifestada en los que nos une, que no es poco. Pero esa cultura, indudablemente, se sostiene en la diversidad.

La Casa del Caribe, que organiza este Festival en Santiago de Cuba, ha honrado ese patrimonio común, haciendo énfasis en las expresiones de la cultura popular, en las tradiciones de los pueblos.

Y estamos hablando de un abanico bien abierto: desde la danza, la música, las artes visuales, las historias y leyendas, hasta las manifestaciones lúdicas, las fiestas, las religiones y su ceremonial.

Todo eso integra un acervo, un acervo vivo. Que haya una institución dedicada a estudiarlo y a promoverlo, es una ganancia y una necesidad.

Y tenía que estar en Santiago. Allí confluyeron, justo en los momentos en que se consolidaba nuestra cultura nacional, los aportes de los pueblos de la región. De Haití llegaron muchos, otros de Jamaica.

A estas alturas es difícil establecer fronteras inamovibles en la cultura resultante, en ese ajiaco del que hablaba Don Fernando Ortiz.
Concluye la Fiesta del Fuego de este año, pero ya está convocada la de 2018, dedicada a una isla hermana, muy ligada a nuestra historia: Puerto Rico.

A Santiago hay que volver siempre.

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