Venezuela – Verdades incómodas sobre el plebiscito de la MUD

Tomado de MISION VERDAD

La jornada de este domingo estuvo signada por dos grandes eventos de movilización: el simulacro electoral organizado por el CNE y el plebiscito de la MUD, este último no contemplado en la Constitución. Se desprenden de los resultados del 16 de julio algunas verdades incómodas y mitos imposibles de pasar por alto. Menos en este momento.

Primer mito: el 80% “rechaza” la Constituyente

Últimamente la oposición venezolana ha usado como argumento que este porcentaje de venezolanos rechaza la Asamblea Nacional Constituyente, según una encuesta de la consultora privada Datincorp. Pese a esto, según sus propios números, en el plebiscito participaron un poco más de 7 millones de personas, menos de la mitad de las 19 millones de personas incluidas en el registro electoral del CNE. Es decir, en términos estrictamente matemáticos y dando por hecho que los resultados son ciertos (aun cuando fue un proceso irregular y sin revisión por parte de organizaciones independientes) el “rechazo” sólo se ubica en torno al 42% de los electores.

Esta cifra es sensiblemente inferior a ese 80% agitado por la MUD, por un lado, y se encuentra seriamente inflada por el otro. Dado que proviene de más de 7 millones de votantes, muchos de los cuales no se encuentran en el registro electoral, una condición obligatoria en cualquier tipo de evento comicial.

Otro número que abulta esta participación, si es que tomamos como ciertas las cifras, son los votantes del exterior contabilizados en 693 mil, de acuerdo al informe de la comisión garante del proceso. Este número es claramente superior a los 270 mil contabilizados por el CNE y termina por inflar aún más las estadísticas de participación, sin ninguna explicación sólida sobre su existencia.

La disonancia es evidente una vez que, inflada al extremo la participación, se puede observar 500 mil electores menos que en su mejor votación en la Asamblea Nacional de 2015, en un contexto donde hay al menos 400 mil votos en el extranjero que no serían considerados como válidos en cualquier elección por no estar en el Registro Electoral Permanente. Por lo que no son ni el 80% los que están en contra de la Constituyente, ni se puede saber a ciencia cierta si los números son reales.

Segundo mito: 7 millones de “votos” son verificables

De acuerdo a la comisión de garantes del proceso, presidida por la rectora de la UCV, Cecilia García Arocha, la participación en el plebiscito opositor fue de 7 millones 186 mil 170, un número inferior a lo conseguido por la MUD (7 millones 700 mil) en las últimas elecciones parlamentarias y a la cifra que llevó a Nicolás Maduro a la presidencia (7 millones 505 mil), luego de 106 días de intensas protestas antigubernamentales.

Es más, si nos llevamos por estos números, el antichavismo perdió 500 mil votos de 2015 a la fecha, y no sacó los 11 millones anunciados por Henrique Capriles Radonski.

Sin embargo, es imposible saber la veracidad de estos números ya que este proceso no tiene auditoría ni testigos independientes. Con el grave aliciente de que finalizado el evento se procedió a la quema de los cuadernos electorales, como sucedió en Barquisimeto, estado Lara, frente al Colegio de Abogados de la entidad.

En ese sentido, son por demás demostrativas las declaraciones de la comisión de garantes del proceso una vez anunciada la cifra de participación. Ya que según ésta, si es posible que ayer alguna persona pudiera haber votado 17 veces debido a la imposibilidad de evitar esto. Por lo que supone que es extremadamente difícil tomar en serio una cifra de un proceso tan viciado como el de ayer, cuando los mismos encargados de auditarlo son los que ni siquiera se tomaron el trabajo previo de verificar que alguien votara más de una vez.

No está de más decir que según expertos, los puntos electorales instalados por la MUD sólo tenían capacidad para 2,5 millones de personas, en caso de que no hubiese incovenientes.

Tercer mito: el plebiscito fue la expresión de toda Venezuela

El foco de atención de la jornada antichavista estuvo, sin lugar a dudas, en unos poco de centros electorales, que en su dimensión no mostraron la total composición geográfica de Venezuela.  Con especial énfasis en lo que sucediera en ciertos puntos de Caracas y en el extranjero, sobredimensionado en la narrativa épica del antichavismo.

En cierto punto, la consulta de la oposición estuvo altamente afincada en las tradicionales zonas del este de Caracas. A los que se sumaron algunos puntos del oeste de la ciudad bajo el objetivo de proyectar una mayor heterogeneidad en el evento. Sin que por esto pasara desapercibido la nula atención sobre el interior del país.

Esta realidad no hace más que demostrar ciertos mitos falsos planteados por la MUD en el último tiempo. El primero relacionado a que representan a 14 millones de venezolanos y el segundo, en la misma tónica grandilocuente, de que son el 80% de la población. La gran mayoría de la población ayer, según los resultados presentados por la MUD, no participó en su convocatoria.

Pregunta al margen: ¿Fue una consulta o un evento de movilización?

Durante la semana previa al evento, fue difundido por redes sociales un audio del dirigente de Primero Justicia Miguel Pizarro, donde se refería a la necesidad de organizar a los Comités de Rescate de la Democracia para la etapa que se venía de trancazos sin retornos, y la posible declaración de una huelga nacional. “Hace falta tener miles de personas listas para movilizar a la gente de su sector”, remarcaba en ese audio.

En la vocería opositora de ayer hubo una clara contradicción entre denominar al plebiscito como una “manifestación” o un “masivo acto de desobediencia civil”. En esa disonancia quizás estribe la interpretación que hagan, incluso, los propios dirigentes de la MUD sobre los pasos a seguir después de la consulta.

Porque es evidente la diferencia entre quienes plantean ir más allá de la consulta con un gobierno paralelo, y quienes pretender utilizar el evento como un mecanismo de extorsión para que el chavismo retroceda con la Constituyente. Sin embargo, en las dos posturas existe la misma soberbia del todo o nada que los tiene pensando que las fuerzas bolivarianas no existen más como estructura funcional de poder.

Por lo que esta pregunta claramente no tiene una respuesta inmediata, sino más bien la intuición de que en una posterior etapa de violencia sean los propios movimientos de los famosos Comités de Rescate de la Democracia, quienes hablen por sí mismos.

Los daños colaterales del plebiscito

Como dijimos, ayer también hubo otro gran evento que fue el simulacro electoral del CNE previo a la votación de la Constituyente, quizás el que tuvo mayor participación en los últimos años. Imprevisto para la gran mayoría de analistas y medios de comunicación especializados en reseñar la “realidad” de Venezuela.

Contrario a lo que se podía esperar, el chavismo de a pie colmó buena parte de los centros electorales en un evento altamente remoralizante para un sector de la población demonizado en los últimos 100 días. Un efecto que rápidamente se difuminó en el ambiente político, que ayer se pensaba iba a ser monopolizado por el plebiscito.

Esta tribuna, por otro lado, es contraria a minimizar este hecho, como también a maximizarlo para generar mayores expectativas. Sin embargo, su evidente masividad también envía una clara señal a los factores opositores que se encuentran en un plan de escalada contra el gobierno de Nicolás Maduro. No están jugando solos y todavía no tienen ganado el partido.

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