Ladrillo rescatado de las cenizas de Guáimaro

Por Enrique Atiénzar Rivero

El fragmento de ladrillo que sostiene entre sus dedos Noris Montero Miranda  no es uno más. Eva, su mamá, con 108 años cumplidos lo preservó como una reliquia entregada a ella por el padre para que la primera Constitución de la República, firmada en Guáimaro el 10 de abril de 1869, no pasara inadvertida.

Don Agustín Miranda Piloña, integrante del Ejército Libertador, recogió la muestra el 27 de febrero de 1921 de lo que fueran las ruinas del local donde se reunieron los constituyentes. El inmueble fue blanco de las llamas un mes después de dotarse a Cuba de la primera carta magna, cuando los revolucionarios y los habitantes de “este pueblo sagrado”, como lo calificó José Martí, incendiaron el pueblo para que los españoles solo encontraran cenizas.

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