Mamás: Construyendo mitos propios

Ser mamá es una aventura. Cuando estaba embarazada por primera vez y llena de incertidumbres ante lo que estaba por llegar, una mujer sabia me dijo que el dolor del parto es de los más fuertes que existen, pero el que más rápido se olvida. Casi 25 años, tres hijos y una nieta después, lo suscribo. No solo porque la maternidad sea algo grande; que lo es. Sino porque ese dolor desgarrador de cada contracción se queda pequeñito ante lo que viene luego. Ser mamá provoca llanto y risas; duele y alumbra; ata y libera. Basta una sonrisa pícara, una palabra embrollada, un “mamita, dame un besito”, para borrar de un plumazo los recuerdos del dolor de espalda y el insomnio de los meses de lactancia.

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