Páginas donde se cuenta de la solidaridad cubana.

Foto:Estudios Revolución.

Con su especial sensibilidad que advierte, para después contarlo hermosamente, dónde hay bondad, esta tarde de viernes el filósofo y escritor Enrique Ubieta Gómez afirmó que la solidaridad del cubano no ha muerto y que habita no solo en quienes van a otras latitudes para ayudar a sus semejantes sino también en quienes ahora mismo están luchando, país adentro, contra la epidemia de la COVID-19.

Son médicos, periodistas, son muchos cubanos, especialmente jóvenes en quienes encarna, razonó Ubieta, la palabra continuidad. Así, y marcado por la emoción, habló el colega durante la presentación de su libro Diario de Turín. La solidaridad en tiempos de pandemia, la cual contó con la presencia, en la emblemática Casa de las Américas, del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

El destacado intelectual comenzó recordando los legados del Comandante en Jefe Fidel y del General de Ejército, Raúl Castro Ruz, cuya esencia es la tradición del internacionalismo sin apellidos, porque es humanidad y forma parte de la cultura de Cuba.

Enrique Ubieta agradeció a todos los presentes –entre quienes se encontraban cubanas y cubanos que han cumplido misiones internacionalistas-, por confluir en la sala Che Guevara. Y lo hizo de manera especial al Primer Secretario del Partido Comunista. Recordó que el sentimiento de humanidad no es entre cubanos una cualidad exportable sino que forma parte de la materia de ese protagonista insular que brilla, ahora mismo, en nuestros hospitales con dedicación y heroísmo.

Sobre su Diario de Turín, el reportero hizo referencia a tres discursos dentro de la obra: el diario en sí, conformado por breves crónicas que a diario publicaba en Facebbok; pequeños ensayos articulados acerca de la situación mundial; y entrevistas a líderes italianos y activistas sociales, a través de quienes asoma la realidad del país europeo.

El cronista explicó que, al ir tras los médicos, lo que él ha hecho es ir tras sus ideales; y que su propósito siempre ha sido empujar hacia el horizonte ese modo de mirar el mundo. Y no pasó por alto a “dos ángeles guardianes” que en mucho tuvieron que ver con el nacimiento del libro: la argentina y entrañable amiga de Cuba, Graciela Ramírez, y Alberto Alvariño, quien con paciencia y bondad hizo posible el nacimiento de la edición.

Desde la mesa de presentación el autor del libro fue acompañado por José Ernesto Novaez, Coordinador del capítulo cubano de laRed en Defensa de la Humanidad, y por el médico internacionalista que había conocido a Ubieta en el año 2006, en el Amazonas venezolano, Julio Guerra Izquierdo. El primero afirmó que el texto simboliza la posibilidad de luchar por un mundo mejor, y que en Cuba “no necesitamos inventar los héroes; los tenemos al alcance de la mano”.

Por su parte el doctor Julio Guerra compartió anécdotas, enunció que el texto es un homenaje a todo el esfuerzo de nuestros colaboradores en el exterior, y agradeció a Ubieta por su valentía, por haber llegado sano y salvo a Cuba tras haber estado en zonas rojas, y por ser un “eterno revolucionario y un gran amigo”.

La presentación estuvo precedida por la inauguración, en la Galería Latinoamericana de Casa de las América, de la exposición fotográfica “Médicos y no bombas”, la cual tuvo lugar con la presencia del Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, así como por el miembro del Secretariado y Jefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido, Rogelio Polanco Fuentes, los viceprimeros ministros, Inés María Chapman Waugh y Jorge Luis Perdomo Di-Lella, el ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, el titular de Salud, José Ángel Portal Miranda, y el Presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto Jiménez.

Foto: Estudios Revolución.

La galería recoge testimonios de la ayuda solidaria de los cubanos en Pakistán, durante el terremoto de 2005; en Haití, cuando esa nación hermana sufrió un sismo devastador en 2010; en África, donde tanto golpeó el virus del ébola; y en Turín, donde los nuestros le dieron la cara a la epidemia de la COVID-19.

Allí estremecen las imágenes de colegas como Roberto Suárez o Juvenal Balán; y se muestran, como evidencias del paso generoso de los cubanos, libros como El infierno de este mundo. Terremoto en Haití, de la periodista Leticia Martínez Hernández, o Zona Roja. La experiencia cubana del ébola, también de Enrique Ubieta.

Texto adentro

Foto: Estudios Revolución.

En emotivo prólogo a Diario de Turín. La solidaridad en tiempos de pandemia, la prestigiosa intelectual Graziella Pogolotti -cuyos juegos apacibles de la infancia pertenecen a Turín- expresa que “Enrique Ubieta compartió el vivir cotidiano de las brigadas médicas cubanas que acudieron en respuesta al llamado, instalados en hospitales armados a toda prisa para afrontar la expansión de la pandemia en la ciudad lombarda de Crema y en el Turín piamontés. Fue testigo excepcional de la batalla contra la muerte librada en el micromundo sanitario”.

“En ese ámbito aparentemente limitado, se confrontaban dos concepciones y, derivadas de ello, dos maneras de enfocar el ejercicio de la medicina. Los italianos disponían de la más alta tecnología. Atenidos sobre todo a una noción de servicio social, los cubanos preservaban la relación personal, la vecindad humana con el paciente. Tras los inevitables desencuentros iniciales, se fue instaurando el respeto mutuo y, al cabo, el riguroso intercambio científico”.

En otro momento del pórtico la maestra afirma que “frente al costado oscuro de la realidad, un cálido aliento recorre el Diario de Turín de Ubieta. (…) El lector de estas páginas testimoniales descubrirá que, en un planeta dominado por la exaltación desenfrenada del individualismo, por la incitación al consumismo, la consiguiente depredación de sus reservas naturales, un mundo mejor es posible, conducido de la mano por la acción solidaria. La confrontación contemporánea se libra también en el terreno de los valores”.

“Junto al hospital de Turín –termina el prólogo con estas palabras-, un árbol se fue llenando de cintas, representación simbólica de existencias salvadas. Era el árbol de la vida”.

En la introducción a su emotivo y sustancioso libro, Ubieta enuncia: “No fui un observador externo; era el miembro número treinta y ocho de la brigada de Turín”.

Una intensa saga había precedido al episodio del cronista en tierra italiana, como él mismo dice en la introducción al libro: “Había compartido antes con médicos y enfermeros cubanos en Centroamérica, Haití, Venezuela y África Occidental, donde se desarrolló la epidemia del ébola. Pero, a diferencia de aquellas experiencias, no viajábamos esta vez a un oscuro rincón del mundo, como peyorativamente calificara a estos países durante su mandato el presidente Bush (hijo); la misión de estos trabajadores de la salud era salvar vidas en el Viejo Continente, en la rica ciudad de Turín, en el Piamonte italiano”.

“El libro, ha explicado Enrique Ubieta en sus palabras introductorias, empieza con la llega a Turín el 13 de abril, y termina con el regreso a La Habana el 20 de julio, más un día, el 21, cuando en lo alto de la Mole Antonelliana de Turín –el edificio más emblemático de la ciudad-, un extraño mensaje de luces enlazó dos palabras: Grazie Cuba”.

Antes de que el lector se sumerja en la lectura, Ubieta deja dicho que “el texto es, decididamente, anticapitalista. Pero no es un manual; expone y reflexiona sobre datos, narra hechos, acude a la razón y a la emoción. Atisba caminos”.

El autor deja para el final de su obra estas líneas que encajan muy bien en las mujeres y hombres que estén dispuestos a defender la esperanza:

“¿Qué mundo vislumbra o desea para el día después?, le pregunté a la intelectual italiana Alessandra Riccio:

“En este preciso momento no es fácil vislumbrar el futuro –me respondió-. De lo alto de mis ochenta años, me resulta difícil pensar en el día después. Pero sé que siempre hay un futuro, una reconstrucción, un nuevo inicio. Y sé que hay lugares en el mundo donde se ha custodiado la esperanza, se la ha mantenido en los momentos más duros. Estos pueblos resistentes y heroicos son la esperanza. ¡Siéntase aludido como cubano¡”

Foto: Estudios Revolución.

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